-->

sábado, 31 de diciembre de 2011

*Balance 2011*

Otro año se acaba y entre villancicos toca hacer balance. Lo mejor, lo peor, las mil cosas vividas que se cuelan por las rendijas de la memoria en mi cabeza y me hacen sonreír. Un año cargado de primeras veces: primeras despedidas, primeros amores, primeras desilusiones... Un año en el que la palabra estrella ha sido el "adiós" y en el que el concepto de sorpresa inundaba cada día.

Han sido doce meses, ni uno más ni uno menos; 365 días con sus correspondientes mañanas y noches para ser feliz y para llorar, para conocer gente, para descubrir a otra, para ser débil, para ser fuerte, para reponerse, para aprender, para escuchar, para abrazar, para besar, para compartir, para pasear, para soñar, para despertar, para cambiar, en resumen, para vivir.

Siendo justos, no recordaré el 2011 como uno de los mejores años de mi vida, pero tampoco como uno de los peores. Ha tenido días buenos, estupendos,  días malos, horribles y días, sin más, de esos que nunca recuerdas.

Pero las cifras terminan desapareciendo y dejan lugar a los recuerdos simplemente, recuerdos desubicados, sin fechas, unos que nos hacen sonreír y otros que vuelven a construir ese nudo en la garganta.

Y entre las 8760 horas veo a esa gente que ha vivido este año conmigo. Algunos se han ido para seguir con sus vidas por otros caminos, otros permanecen junto a mí sorprendiéndome cada día y otros, como diría mi madre: "bien, gracias". Recuerdo hoy muchos de sus consejos: "no dejes que tu felicidad dependa de alguien o algo que no seas tú mismo", "se consigue mucho más con un silencio que con una larga conversación", "si puedes soñarlo puedes hacerlo", "si la vida te da 1000 motivos para llorar, demuéstrale que te vale con uno para sonreír" y "la vida se compone de pequeños detalles, cuídalos".

Pero no todo ha sido vivir, también he sido observadora. He visto como se rompían corazones, como gente a la que quiero vagaba desorientada por las horas y como algunos tomaban las riendas de sus vidas y descubrían la felicidad.

El año se termina. Probablemente el 2011 salga por la puerta de atrás de los años pero después de él vendrán muchos más, algunos mejores y otros peores, pero, como todos hay que vivirlos. Hoy, a día 31 de diciembre de 2011 os deseo a todos FELIZ AÑO NUEVO.

[Haz de tu vida un sueño y de tu sueño una realidad...]


domingo, 25 de diciembre de 2011

Para ti señorita, porque te gustó la metáfora...

¿Cómo estoy? Cuando me preguntan que cómo me siento pienso en una carrera, pero no en una de esas en las que compiten atletas profesionales que apenas sienten dolor al llegar a meta. Más bien, me recuerda a una de esas pruebas de resistencia del colegio, que todos hacíamos obligados y los que las conseguíamos acabar lo hacíamos sin fuerza.

Recuerdo como cuando el profesor anunciaba que correríamos los doce infernales minutos, la mayoría de la clase empalidecía y buscaba escusas para no asistir a esa clase. Algunos se ponían enfermos de repente y otros apelábamos a recomendaciones médicas. Yo, sacaba mi Ventolín del bolsillo con la esperanza de que el profesor lo viese y me librase de aquel dolor.

Pero nunca lo conseguí y siempre estaba preparada cuando comenzaba la prueba. Igual que en la vida, intento, de manera disimulada, evitar los grandes obstáculos, pero siempre acabo ahí en la línea de salida.
Aunque quizá, lo que más describa mi situación a día de hoy es el momento después de la carrera. Cuando todos asfixiados nos veíamos obligados a sentarnos y coger aire porque, de lo contrario, no seríamos capaces de subir las escaleras y llegar a la siguiente clase.

Así estoy yo ahora, sin aliento, cansada de la carrera que acabo de correr y necesito sentarme un segundo, a tomar aire, a ver que hay vida después de las dificultades. Es posible que no sea la prueba más dura que exista pero a mí me ha costado como si lo fuese y me resulta imposible levantarme sin descansar un instante.
Pero eso no significa rendirme, porque sé que me esperan muchos más obstáculos como este, como en el colegio sabía que habría más pruebas de resistencia que correr. Si una vez pude conseguirlo, podré hacerlo más.

Mientras tanto, miro a la pared y veo una nueva placa que, como por casualidad, me da el más sabio de los consejos que puedo recibir actualmente: "Si puedes soñarlo, puedes hacerlo".

Feliz Navidad

domingo, 27 de noviembre de 2011

[27.11.2011]

Hola:
No sabía cómo empezar esta especie de carta y recordé como una compañera del conservatorio siempre solía decir que decir "hola" era un buen comienzo.
Voy a intentar escribirte lo que siento de corazón y espero que me perdones si algo no tiene sentido o está mal redactado, en esta ocasión no escribe mi cabeza sino mi corazón. En cualquier caso esto es lo que me gustaría decirte a pesar de que sé que no tengo valor para hacerlo o, por lo menos, aún no.
He probado a preguntarme a mí misma quién eres para mí y se me han venido a la cabeza muchas cosas: la primera vez que nos vimos a escondidas, el primer beso, la primera noche acostándome tarde por hablar contigo... Pero después me he sentido mal porque también recordé cuando me dijiste que solo éramos amigos, cuando ni me saludaste delante de todos.
Me he pedido a mí misma definirte con una palabra y, ¿sabes cuál ha sido la primera que se me ha pasado por la cabeza? Futuro. Ya ves tú, mi inconsciente se ha aliado contigo. Podía haber elegido cualquier palabra para referirme a ti, cualquier adjetivo que te describa y solo se me ha ocurrido decir "futuro". Ni siquiera he escogido "presente" y es curioso porque si hay algo presente en mi vida ahora mismo ese eres tú.
Y es que estás cuando me levanto, cuando como, cuando veo algo en la tele, cuando miro el móvil... Pero a la vez no estás, quizá yo te crea ahí pero estás muy lejos y esa distancia no la marcan los metros. Podría pasarme días caminado para acercarme a ti y solo conseguiría quedarme a tu lado, justo antes de ese vacío que nos separa.
Quizá sea por eso por lo que elegí la palabra "futuro" porque aunque me duela y aunque intente luchar contra ello sé que el presente no es posible. También sé que tenemos que dejarlo aquí, al menos de momento, antes de que esta historia tan bonita se desgaste hasta el punto en que no sea reconocible, hasta el momento en el que tampoco quede la palabra "futuro".
No sabes lo difícil que me resulta todo esto: reconocer que ya no eres solo mi amigo y una vez asumido dejarte atrás sin luchar. Pero recurriendo a un tópico: "nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde". Es posible que necesitemos perdernos para encontrarnos y la única manera de hacerlo es diciendo adiós.
Aquí va mi despedida, que espero que pueda llegar a convertirse algún día en un hasta luego, pero que, de momento, es un adiós, sin más, sin letra pequeña, sin continuación, sin comas para respirar. Solo un adiós con una palabra en la cabeza: "futuro". 

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Viajar en metro

Todos los días cojo al menos tres medios de transporte: un autobús, el metro y la RENFE. En cada uno de ellos me encuentro con, al menos, 50 personas diferentes de las cuales, al final del día, recuerdo como mucho a una. Algunas de esas personas van leyendo un libro o el periódico, otras pulsan las teclas de su móvil para mandar un mensaje y otras miran por la ventanilla como buscando algo.

Me gusta imaginar las historias de cada uno de ellos. A veces, miro a los que juegan con el móvil y pienso en que podrían estar concretando una cita con la persona que, desde ese momento, les va a acompañar el resto de su vida. Otras veces contemplo el reflejo de los que miran por la ventana e imagino en qué o quién están pesando: quizá en una discusión con un amigo, en el mal día en el trabajo, en la sorpresa que van a dar a alguien, en algún viaje... Hay tantas cosas que pueden pasar por la mente de las personas que se desplazan por Madrid.

Pero también hay ocasiones en las que levanto la cabeza y me pregunto si alguno de todos esos usuarios de transporte público cumple años ese día, si alguno acaba de encontrar trabajo o, quizá, si entre ellos está el que familiar de alguien que conozco.

Y mientras pienso todo esto,  sé que alguna persona en ese vagón se fija en mí y recrea mi vida en su cabeza. No saben mi nombre, qué edad tengo ni de dónde vengo. En algunos momentos he notado la mirada de alguno de ellos sobre mí y he tenido la tentación de preguntarles qué era lo que imaginaban.

Miles de historias viajan en metro cada día, se bajan en una estación y cogen otro metro. Muchas de ellas son similares a la mía, mezcla de felicidad y de tristeza, de días malos y días buenos. Otras esconden mucho más, pasados que impactan, presentes que duelen y futuros inciertos. Pero todas ellas se ocultan en el anonimato para el que mira sus caras durante los minutos que dura el trayecto.

Por eso cuando uso el metro o el autobús no me gusta leer, ni jugar con el móvil, ni mirar por la ventana. Prefiero contemplar las caras, las muecas, a la gente y pensar qué pueden ser sus vidas. Pero, a la vez, me siento segura sabiendo que mis historias están a salvo, como las suyas; solo las miradas de los otros pueden intentar adivinarlas a pesar de que siguen guardadas en mi interior. Y ahí, entre esos desconocidos, siendo una persona más, soy más yo que nunca.

domingo, 30 de octubre de 2011

El otoño

Mirar por la ventana y descubrir que ya ha llegado el otoño, que es pronto y ya es de noche, que hace frío, que se caen las hojas de los árboles, que mañana ha dicho el hombre del tiempo que va a llover...
Una vez más me ha sorprendido lo rápido que pasa el tiempo. Los nuevos descubrimientos y  las recientes experiencias adquiridas se amontonan en mi cabeza sin que me haya detenido un segundo a juntarlas y ordenarlas con el resto de recuerdos.
Veo como una hoja va cayendo lentamente hasta llegar al suelo y pienso en todos los pilares de mi vida que se han derrumbado en estas últimas semanas. Mis amigos, las personas importantes para mí, han cambiado y, a pesar de ello, mi casa se mantiene en pie. Recuerdo también las cosas que he conseguido sin verme capaz de hacerlo, la actitud con la que he afrontado algunas dificultades, el cariño que he recibido...
Siento como soy mejor persona en muchos aspectos y como debo mejorar en otros, noto como mis prioridades han cambiado y ahora sé que soy más fuerte que antes, capaz de afrontar los golpes.
Pero me doy cuenta de que, aún hoy, son esos pequeños momentos los que me siguen haciendo sonreír. Esos instantes que nadie menciona en un diario, que nadie recuerda al día siguiente, que pasan desapercibidos entre momentos grandiosos.
Una mirada que se escapa entre amigos que forman parte de una realidad alternativa llena de complicidad, un gesto que significa el comienzo de algo diferente. Quizá incluso, una conversación con una persona de la que no esperabas nada que se convierte en alguien importante.
Sonrío porque sé que puedo empezar el otoño. Llevo ropa de abrigo para resguardarme del mal tiempo que pueda venir, tengo un paraguas que puedo abrir cuando la lluvia sea fuerte, en mi armario hay unas botas de agua preparadas para no mojarme con los charcos y gente en la que apoyarme si el viento amenaza con llevarme con él.

jueves, 6 de octubre de 2011

Nadie quiere morir...

Steve Jobs descubrió hace algún tiempo una realidad que hoy ha confirmado: nadie quiere morir. Esta afirmación que el propio Jobs realizó en una conferencia en Stanford me ha hecho reflexionar durante el día de hoy.

¿Qué implica morirse? Parecerá una tontería, algo sencillo, pero morir significa dejar de vivir: no volver a abrazar a alguien a quien queremos, no derramar una lágrima de dolor, no sonreír de alegría al rencontrarse con alguien... Pero no solo eso, morir significa despedirse de las pequeñas cosas de la vida: de los agujeros que rompen tus calcetines, del olor a tostadas, de los semáforos que parpadean.

Quizá solo las personas que han estado frente a esta experiencia son capaces de apreciar lo que significa seguir respirando. Mientras, nosotros seguimos obviando el cariño a los demás, continuamos guardando nuestras sonrisas para una ocasión especial sin pensar que esa ocasión puede ser el simple hecho de seguir viviendo.

Es aquí donde aparece el hecho curioso: nadie quiere morirse, pero la vida nos aburre. No vivimos como si fuera el último día porque sabemos que va a haber mañana y que tras ese mañana viene otro y otro y así sucesivamente. Frente a nosotros aparece un camino largo del cual no vemos el final hasta que nos topamos directamente con él.

Y es que, por suerte o por desgracia, la verdad es que el camino se acaba para todos. Da igual nuestra posición social, el dinero que acumulemos, la fama que poseamos o la belleza que nos caracterice, la muerte es el final que compartimos.

Hoy, quizá sea uno de esos días en que se nos alecciona de una forma diferente, de una forma ejemplarizante. Ha muerto Steve Jobs, un visionario, una persona que nos ha facilitado la vida, que podía comprar cualquier cosa con su dinero y que, a pesar de todo, se ha ido para siempre sin poder llevarse nada con él.

Pues bien, como dijo Jobs: "nadie quiere morir pero es el destino que todos compartimos". Todos tenemos miedo o reparo al pensar que pueda llegar pero, como le paso a él, solo nos damos cuenta de lo importante de la vida cuando no nos queda casi tiempo de disfrutarla. Así se despide, dándonos uno de los consejos más válidos que nos podrían dar: "recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder".

miércoles, 21 de septiembre de 2011

[20.09.2011]

He pasado toda mi vida imaginando algunos momentos de mi vida: los más románticos, los más emotivos, los más duros. En ocasiones me veía rodeada de todos mis amigos, otras veces aparecía junto a un chico espectacular, guapo, cariñoso, perfecto. La gente importante para mí compartía mi vida paso a paso, me sonreía en la distancia y me tendía la mano en la cercanía.

Muchos de esos sueños se van haciendo realidad y ellos están ahí, tal y como imaginé. Pero no eran los mismos que permanecieron ayer. Muchos de los antiguos amigos no se han ido, me siguen contemplando y alegrándose por mí. Pero las filas de gente querida se llena de otras personas, gente que ha aparecido en los últimos tiempos y que se ha ganado el derecho de estar allí.

La imagen de aquel chico increíble ha sido sustituida por otras más reales. Ya no espero un príncipe azul en mallas que venga a rescatarme de mi vida, con una sonrisa perfecta y unos brazos fuertes. Ahora me conformo con alguien que me rodee en un cálido abrazo cuando esté mal, que me aconseje cuando crea que voy a equivocarme y que se ría conmigo cuando toque porque para esa persona yo también seré especial.

Hoy las lágrimas vienen a mis ojos al verme así, rodeada de brazos dispuestos a sostenerme si me tropiezo, unos nuevos y otros no tanto. Así puedo seguir viviendo sin miedo porque sé que están ahí para darme un consejo, para secar mis lágrimas y para pasarlo bien conmigo.

Gracias a todos.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

[14.09.2011]

He pasado la tarde sentada en uno de mis lugares favoritos de Madrid. Rodeada de siglos de historia por los que han pasado dictadores, reyes, príncipes, princesas, papas y obispos puedo pensar en mí sin sentirme una extraña, formando parte de algo. Allí, entre gente desconocida llena de prisas, nadie sabe quién soy, qué me ha llevado a estar allí, sentada, pensando en la mejor de manera de afrontar lo que tengo delante.

Hay veces que el jaleo de mi alrededor no me deja escuchar bien a mi corazón y éste palpita más y más fuerte para hacerse notar. En algunas ocasiones es la cabeza la que levanta la voz y guía mis pasos, pero en mi interior algo sufre. Noto como me pincha el pecho, se me corta la respiración y empiezan a brotar las lágrimas de mis ojos.

Tengo ganas de gritar que sigo aquí, que no me he ido, que soy la misma que era ayer. Me gustaría demostrar que sé cómo se llora o se ríe, que sé lo que es echar de menos, sentir agradecimiento o tener esperanza  y que no hace falta decir "te quiero" para sentirlo.

Pero allí estoy, escondida detrás de unas gafas de sol, recordando alguno de los momentos que me hizo adorar aquel lugar. Las parejas pasean delante de mí y eso quizá hace que mis ánimos, un poco desmejorados hoy, prosigan su declive.

Recuerdo una clase de Historia del Arte en la que hablábamos de los pilares, su forma y cómo estos evitaban que grandes moles arquitectónicas quedasen reducidas a escombros. Quizá todo mi estado de ánimo sea simplemente una cuestión de "pilares". Tal vez, he pasado demasiado tiempo depositando todo el edificio de mi corazón sobre unos pilares externos que estaban sujetando sus propios tejados. Ahora necesito crear mis propios puntos de apoyo, interiores y míos, solamente míos.

Es la hora de irse ya; me levanto y comienzo a caminar, pero no sin antes girarme a echar un último vistazo, con la esperanza de que aparezca esa solución mágica capaz de sacarme una sonrisa hoy. Sin embargo, como suponía, allí no hay nada, la gente se ha ido yendo y solo quedan dos majestuosos que enmarcan una puesta de sol digna de postal. Y es en ese momento, con el final del día, cuando me doy cuenta de que ahí está lo que ese día había estado buscando: un final.

En cada jornada hay un ocaso que cierra una etapa,  un día completo cargado de buenos y malos momentos, pero que desde que comienza está destinado a agotarse. Hoy ese atardecer también me influye a mí. Cierra una gran etapa de mi vida, una fase en la que podía controlarlo todo. Ahora tengo que ser capaz de vivir en los márgenes de la aleatoriedad, sin por ello perder el control. Es el momento de dejar que los días fluyan bajo el sol y que el anochecer se los lleve consigo para traer otros con el alba. Ahora toca eso, madurar.

martes, 13 de septiembre de 2011

.

Todas las historias sean del tipo que sean siempre acaban igual, con el odiado punto. A veces este signo marca un final rotundo, en el que no hay posibilidades de incidir; en otras ocasiones simplemente es la conclusión de una parte y va seguido por una gran mayúscula que desata más experiencias, sonrisas, llantos o vida; y por último, puede ser que no esté solo, sino acompañado por otros dos puntos que denotan esperanza, una posible continuación que no termina de estar clara.
Estos días he visto muchos puntos en mi vida. Me gustaría poder decir que prácticamente ninguno es del primer tipo, que en todos hay algo de esperanza, pero estaría mintiendo. La mayoría de las historias empiezan entre ilusiones, con sonrisas y promesas, con la esperanza de un futuro... Pero también esas historias terminan con decepción, entre lágrimas y sin nada más allá, con un punto y final.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Hasta pronto


El tiempo no se para a mi alrededor. Los días siguen pasando y el momento de la despedida está cada vez más próximo. Intento agarrarme a los buenos momentos que pasamos juntas, tengo ganas de parar los relojes justo en este momento pero sé que no puedo hacerlo. Soy consciente de que se tiene que ir y vivir su vida unos meses fuera de aquí.

No puedo evitar pensar que si marco su número ella no va a contestar, que si soy a su casa ella no va abrir su puerta y que si tengo ganas de llorar ella no va a poner su hombro para mí. Y pienso en positivo: no es tanta distancia, va a venir pronto, solo son unos meses... Pero la voy a echar mucho de menos.

Me siento fatal cuanto pienso las veces que me cabreé con ella sin motivo, que estuvimos tiempo sin hablarnos, que no la apoyé con algo por lo que ella estaba ilusionada, sé que no estuve a la altura. Ella siempre ha estado allí cuando yo estaba mal y cuando era feliz me acompañaba, en un segundo plano, alegrándose por mí. Da igual todos los enfados tontos porque en los grandes momentos siempre ha estado conmigo.

Pero ahora es necesario que nos separemos. Como se suele decir: "si quieres a alguien déjalo marchar". Tomemos esto como una prueba de nuestra amistad, si pasamos estos meses y nos reencontramos igual que antes, nada nos podrá separar.

Así que desde aquí te deseo BUEN VIAJE, disfruta mucho, vive al máximo, conoce gente, aprende de todo y vuelve con mil cosas que contar y kilos y kilos de experiencias.


Te quiero.

miércoles, 31 de agosto de 2011

El género humano es tonto por naturaleza


No me cabe ninguna duda. Después de tres meses de vacaciones, de viajar, de pensar, de conocer estilos de vida diferentes, lo tengo claro: el ser humano es incapaz de evitar tropezarse con la misma piedra indefinidamente.

En mi opinión, a la vez que desarrollamos  la capacidad de reconocer quiénes somos, vamos edificando un muro justo frente a nuestros ojos. Esta pared no nos rodea ni nos limita, simplemente está allí, frente a nosotros, transparente, casi imperceptible, pero rígida y sólida. Cuando empezamos a ser independientes, a tomar decisiones, a coger las riendas de nuestra vida, intentamos avanzar, chocando una y otra vez con el mismo muro que nosotros edificamos justo en ese lugar.

No escarmentamos con los chichones y, aunque los hematomas duelan, seguimos intentando seguir de frente, sin darnos cuenta de que solo unos metros a la izquierda o a la derecha el muro desaparece permitiéndonos el paso. De este modo, somos incapaces de juzgar de un modo "objetivo" nuestra propia vida y sus errores, pero sí reconocemos cuando alguien ajeno va a equivocarse.

Pero lo fácil, con toda la ironía que ello supone, es tomar el camino difícil y lo complicado es conseguir mirar un poco más allá, evaluar un segundo la situación y seleccionar lo sencillo. Y de esta manera, pasamos la vida embistiendo un muro cuyos cimientos son parte de nosotros mismos: nuestras expectativas, nuestro orgullo, nuestra confianza ciega en los demás... Da igual que nos equivoquemos, lamentaremos el error, lloraremos un instante por él y volveremos a cometerlo una y otra vez.

¿Quién no ha perdonado a un amigo mil veces lo mismo?¿ Quién no ha sido disculpado por reiterar el mismo error? ¿Quién no ha tomado dos veces la misma decisión fallida? Pero lo que es más importante, ¿quién no se volvería a equivocar si se diese la misma situación? Como se suele decir: "El que esté libre de pecado que tire la primera piedra".

sábado, 4 de junio de 2011

Dejando el medio a un lado


Llevo toda la vida escuchando que el término medio es el correcto, que los extremos nunca son buenos. En política ni muy a la derecha, ni muy a la izquierda; el vestido ni demasiado largo, ni corto; la comida ni en abundancia, ni escasa... todo en el medio.

Pero hay cosas que, como decía Aristóteles, no admiten término medio: no puedes amar un poco, ni odiar con mesura, no puedes ilusionarte a medias, entregarte en parte o sentir una fracción de tristeza o felicidad. Y cumplir el término medio en estos casos te lleva a la nada, porque si no amas, ni odias, ni te entregas al cien por cien no sabes qué es lo mejor de cada una de esas pasiones y no existen para ti. Porque si eres feliz no reparas en la tristeza y si estás triste no hay hueco para la felicidad. Porque la ilusión y la esperanza cuando aparecen, residen en ti y en tu estómago al completo y no dividas en capítulos.

Quizá sea parecido a la música. Si te enfrentas a la obra más bonita del mundo con mesura vas a obtener algo retenido, que no dice nada del intérprete, que no transmite nada a los que la escuchan. Pero un músico es capaz de afrontar la pieza más sencilla con garra, dándolo todo en cada nota, sin término medio y hacer que broten lágrimas en el público, que surjan ovaciones y aplausos, que un teatro entero se ponga en pie.

Y es que el término medio muchas veces llama a la mediocridad, a ser un amigo mediocre, un hermano mediocre, un padre o madre mediocre y lo más importante, un Yo mediocre. Y, al fin y al cabo, la vida es eso, ser un Yo, un sujeto que se construye día a día de lo que vive. El término medio está muy bien para no correr riesgo, para comprobar el suelo antes de dar un paso hacia adelante, pero si no nos equivocamos no aprendemos y no creamos memoria.

Muchas veces para huir de las mitades necesitas dejar de pensar, olvidar los prejuicios sobre ti mismo y actuar según llegan las situaciones. Pero no es como hacer puénting sin cuerda, no es olvidarse del término medio siempre, más bien consiste en examinar tu vida, ser consciente de los riesgos y aún así asumirlos.

Cosas que ocurren en el día a día como una sonrisa antes de entrar en un quirófano volunta-riamente para mejorar tu calidad de vida, como echar una carrera con un corazón débil, como contradecir a tu mundo y decidir ser tú mismo y avanzar. Correr y correr de cara al viento que a veces te quita la respiración, pero que tan necesario resulta para respirar, pues el viendo es simplemente eso, un extremo que ha huido del medio.

Para David. Gracias por seguir leyendo esto a pesar de los líos mentales que, a veces, suponen. Para que pase lo que pase sigas amando hasta el extremo aunque por ello te puedan odiar también hasta el extremo.

domingo, 22 de mayo de 2011

Una persona real

Cuando una persona cercana se va, el reloj comienza a girar hacia atrás. No piensas en los minutos que pasarán porque nunca más lo harán en su compañía, solo quieres recordar los que sí existieron. Intentas seleccionar los buenos momentos o los que te marcaron, pese a su insignificancia y muchas veces no consigues hallar nada, solo días y días vacíos.

No recuerdo grandes momentos a tu lado, ni recuerdo que me dijeses nada que me marcase, pero sé con certeza de que cada vez que me mirabas te sentías orgulloso de mí y me querías. Pero éramos tan diferentes que nos resultaba imposible romper el muro que habíamos construido entre los dos y así pasó el tiempo.

Me han contado que viví los mejores años de tu vida, cuando eras generoso y desinteresado y cuando llamabas para felicitarnos por nuestros cumpleaños a las 7 de la mañana, antes de clase, para encontrarnos en casa. Quizá fueras así porque encontraste a tu media naranja, tal vez cuando no te quedaba mucho tiempo para disfrutarla pero aún así perfecta para ti. Me gustaba como eras con ella y lo que ella te hacía ser con nosotros, me gusta oír de su boca vuestros mejores momentos y que, a pesar de lo malo, todo lo convertías en algo bueno.

Te parecerá una tontería pero recuerdo tu voz a la perfección, con ese acento tan "salaó" pero soy incapaz de reconstruir tu imagen de persona graciosa que se ponía roja con el segundo vaso de vino y no puedo ver tus fotos porque es demasiado doloroso pensar que no vas a estar ahí en esas comidas de domingos esporádicos.

No me gustaba que nos reunieses, estaba incómoda y desde el momento que llegaba quería irme. Pero eso ahora da igual, supongo, porque aunque deseara repetir una de esas comidas sería imposible, lo único que queda es el recuerdo, tú presidiendo la mesa intentando que gente que se llevaba tan mal se uniese. Aunque fuese en tu último día, me siento orgullosa de comunicarte que lo lograste: mucha gente que llevaba años sin verse se ha reunido para despedirte.

Y ahora no estás, te has ido para siempre luchando, como siempre, contra la adversidad. Pero en esta ocasión no dependía de ti, la enfermedad no entendió de valor ni de resistencia, lo destruía todo a su paso y al final no hubo nada que hacer. Sufriste, sufriste mucho en silencio, fingiendo fortaleza y despreocupación delante de todos, para no preocuparnos, pero no engañaste a nadie y a ella menos.

Pero a pesar de todo llevaste la vida que tú elegiste desde el principio. Te enamoraste, desapareciste de nuestras vidas, te volviste a enamorar, diste tu vida a una persona y otra hizo lo mismo por ti. Tuviste hijos y nietos y los viste reunidos, con pareja, a punto de casarse. Enseñaste que la vida no se acaba cuando muere el cuerpo y que arrepentirse es de sabios y conseguiste el perdón por tus actos.

Ya no queda nada físico de tu cuerpo, pero sí muchas cosas que recuerdan a ti. Fotos, ropa, videos, lugares, fechas... que harán que ninguno de nosotros se olvide de ti. Quizá yo no tengo demasiados de esos recuerdos pero puedo traerte a mi memoria cuando quiera y recordarte cantando flamenco en la Comunión, en las comidas, en los cumpleaños, con los perritos...
Hasta luego abuelo, nos vemos en el cielo.

miércoles, 13 de abril de 2011

No más chinchetas desnudas

Esto se lo dedico a mis amigos David y David que hoy en pleno proceso de insultos y patadas han decidido que, para desviar la atención, era oportuno meterse con mi blog.
Pues bien he decidido hacer la entrada más tediosa y aburrida que probablemente jamás leáis. Trata sobre una chincheta que tenía el culo enorme, o la cabeza, según lo miréis. Porque, qué os dice a vosotros que esa parte ancha es la cabeza y no el culo, ¿eh? Todo son puras convenciones sociales. Alguien decidió llamar a la parte redondita de la chincheta cabeza y así se quedó. Esto puede tener consecuencias catastróficas ya que si eso fuera su culo, las pobres chinchetas llevarían siglos viviendo al revés: pensando con el culo y sentándose con la cabeza, mejor dicho apoyándose con la cabeza.
Pero claro está el gran problema de las chinchetas: si el palito es el cuerpo y lo otro culo, ¿dónde está la cabeza? o, si lo otro es cabeza, ¿dónde está el culo? En eso se resume todo en decidir qué parte del cuerpo tener: una cabeza con la que idear mil formas de matar a David Artiles o , por el contrario un culo con el que cagarse en Gallego por idear tu muerte. Es una difícil elección que solo podría tomar una madre chincheta que tuviera cabeza y no culo.
Pero esto, aunque pueda parecerlo, no es lo importante del asunto. Lo realmente alarmante es que las chinchetas de colores solo tienen pintado el culo/cabeza y no el tronco. ¿Por qué? ¿Acaso cuando vosotros os vestís, os ponéis solo unos calzoncillos o un gorro y salís desnudos a trabajar o a la calle? Ya sé que la respuesta es negativa y en ese caso, ¿por qué hacer pasar a las chinchetas tal ridículo? Por eso propongo formar una plataforma que se llame: Viste a tus chinchetas. En ella se contactará con empresas especiales que hacen recubrimientos plásticos con forma de vestido, camisetas, pantalones... para troncos de chinchetas que todo el que se apunte podrá comprarlos a mitad de precio.
Es muy importante que todos colaboremos porque todos podemos convertirnos en chinchetas el día de mañana y querríamos que alguien nos acogiese bajo su protección y nos vistiese con las mejores galas chinchetiles.
Muchas gracias chicos por hacer que escriba esta gilipollez. Os quiero.

domingo, 3 de abril de 2011

Quizá...

Quizá hubiera bastado con alzar la cabeza en el momento adecuado y mirarnos a los ojos. Podríamos haber descubierto lo que el otro tenía que decir, lo que siempre callábamos por miedo a hacernos demasiado daño sin saber que al ocultarlo nos alejábamos cada vez un poco más.
Quizá respirar al mismo ritmo hubiera sido suficiente, coordinar los latidos de nuestros corazones, pero lo cierto es que nunca lo intentamos. Nos refugiábamos en que los polos opuestos se atraen y nuestros imanes fueron desprendiéndose de su magnetismo hasta el punto de no saber qué hacíamos juntos.
Quizá recoger una lágrima de tu rostro cuando llorabas nos hubiera salvado de la inundación que vino después. Pero ilusa de mí pensé que podría recogerlas en cascada con un cubo más tarde y no me preocupé de prevenirlas cuando estaba a tiempo.
Quizá lo único que necesitábamos era mirar juntos en la misma dirección, olvidarnos de los puntos cardinales y elegir nuestro objetivo común. Solo conocimos el "yo" y el "tú", nunca hubo un "nosotros" que lograra sueños y experiencias comunes y que mantuviera nuestros caminos juntos.
Quizá hubiera bastado con sentarnos a escuchar el sonido del silencio, juntos, uniéndonos en un solo ser para siempre. Vivimos nuestra historia corriendo, con prisas siempre por hacer esto y lo otro, entre el ruido, sin tiempo para disfrutar de la compañía y del escaso tiempo que se nos había otorgado.
Ahora es tarde, no para ti y para mí sino para ese "nosotros". No hay camino juntos, solo bifurcaciones que no obligan a separarnos, sonidos del pasado que retumban en nuestro interior intentando escapar. Lo que queda es esa tensa calma que sucede a la tormenta, la que sostiene las situaciones esperando a que éstas se derrumben por su propio peso. 
Y es así, no hay más, nos tenemos que conformar con las sombras del sol del mejor día de verano.

miércoles, 23 de marzo de 2011

:'(

Queridos amigos:

He vivido muchas con vosotros, muchos momentos dulces y otros un poco más agrios. He llorado y reído a vuestro lado, he descubierto lugares de ensueño, he llegado a mis limites y me he superado. He visto cómo crecíais y dejabais vuestras limitaciones a un lado. Me enamoré de todas vuestras virtudes y les cogí cariño a los defectos. He conocido a las personas que eran importantes para vosotros y me enorgullece saber que yo formaba parte de esa lista. Pero algo tan mágico no podía durar eternamente porque perdería eso que lo hace especial.

Cantad conmigo esa canción que dice: "nadie como tú me da su protección, me ayuda a caminar, me aparta del dolor. Tienes ese don de dar tranquilidad, de saber escuchar, de envolverme en paz. Tienes la virtud de hacerme olvidar el miedo que me da mirar la oscuridad". Gritadla porque eso sois para mí, los que me protegen, me alivian el dolor, me tranquilizan, me escuchan. Sois los que hacen que no me importe avanzar hacia la oscuridad del futuro porque sé que estaréis ahí, tomando mi mano como siempre.

Creedme cuando os digo que avanzar no es lo difícil, lo complicado es cargar con el equipaje del pasado. Por eso, permitid que deje aquí el mío y que viaje, por primera vez en mi vida, con una sencilla mochila con lo indispensable. En ella guardo el amor, la amistad y un puñado de vuestras sonrisas. También guardaré uno de los momentos que pasé con cada uno de vosotros y las últimas palabras que escuché de vuestros corazones. Esto llena mucho pero apenas pesa por lo que podré cargar con ello sin problemas.

No quiero terminar diciendo que esto no es un adiós porque sí lo es. Me despido de vosotros sin saber si alguna vez volveré a encontraros, pero me voy contenta. Feliz por haberos conocido, por haber disfrutado junto a vosotros y por saber lo que es la vida rodeada de gente que te quiere. Puede que un día lejano nos veamos en otro camino y recordemos todos los momentos que pasamos o puede que eso no ocurra jamás. Por eso os doy las gracias, ahora, sinceramente, para siempre. Gracias.

lunes, 7 de marzo de 2011

La historia del tiempo

-Papá, ¿por qué los animalitos se mueren y las plantas se ponen malitas? ¿Por qué el abuelo ya no está?
-Hijo esa es una historia muy larga, es la historia del tiempo.
-Cuéntamela, papi, por favor.
-Está bien. Pero me tienes que prometer que no vas a llorar.
-Te lo prometo, yo soy un hombre y los hombres no lloran.
-Pues verás, antes el mundo no se movía, todo esta quieto, dormido, no existía el tiempo. Los animales y las plantas reían y eran felices y nunca jamás morían. Las personas también se divertían mucho, se pasaban el día riendo y hablando de cosas sin importancia, nadie lloraba, todos eran siempre jóvenes. Pero un día un niñito de tu edad se puso muy triste.
-¿Por qué papá, no tenía amigos?
-Sí tenía muchos amigos que le querían mucho y que le hicieron muchos regalos para ponerle contento.
-Entonces papá, ¿qué le pasaba?
-Pues como el tiempo no existía, él era muy muy muy mayor. Llevaba viviendo mucho tiempo siendo un niño y estaba cansado. Quería dormirse para siempre un día.
-Sigue contando.
-Un día estaba tan triste que se fue a dar un paseo por el bosque. Las plantas y los animales le miraban y no entendían por qué aquel niño estaba triste, pero no decían nada por miedo a que les contagiase aquellas cosas que brotaban de sus ojos y ellos no habían visto nunca.
-¿Qué eran esas cosas?
-Lágrimas, cielo.
-Ah ya lo entiendo.
-El niño se sentó en una piedra y continuó llorando. De repente apareció allí un hombre que parecía muy mayor. Tenía una larga barba blanca y en su cabeza no quedaba un solo pelo, unas arrugas recorrían su cara y un bastón acompañaba sus pasos. El niño no sabía que criatura era aquella porque en su mundo todos eran jóvenes y tenían pelo. El anciano le pregunto que por qué estaba triste y el niño le explicó su cansancio. El hombre le explicó que en el lugar de donde él venía había una cosa que se llamaba tiempo y que hacía que nadie viviese para siempre, así no se podían cansar, pero todos sin excepción acababan muriéndose. El niño le dijo que él quería tener una vida tiempo y el hombre le concedió el deseo.
-Pero papá si tenía tiempo se moría y si se muere deja atrás a todas las personas a las que quiere.
-Sí hijo sí, pero déjame terminar la historia. El niño volvió a su casa muy contento porque sabía que ya no se iba a cansar más. Vivió muchas cosas en su vida y se enamoró. Pero el tiempo le acompañaba envejeciéndole, pero haciéndole mucho más sabio. Todo el mundo quería su consejo y su amada le acompañaba en cada viaje que hacía. Un día, cuando ya sabía que el final estaba cerca le contó a su joven mujer la historia del anciano encontrado y del tiempo. La mujer, triste, salió a buscar al hombre de la historia y lo halló en el camino. El viejo que ya sabía lo que la dama quería le concedió también el estar sometida al tiempo y ella regreso a casa llena de arrugas y esperando también su hora. Marido y mujer murieron días después en su casa, con una sonrisa, cogidos de la mano.
-Qué historia tan triste papá.
-Espera, aún no ha terminado. La gente, que nunca había visto morir a nadie, se puso muy triste porque ya no tendrían los consejos del sabio y según pasaba el tiempo se aburrían de la eternidad en la que vivían. De nuevo apareció el anciano del camino y les contó la historia del tiempo. En ese momento, ellos lo entendieron todo, merecía vivir una vida corta pero llena de momentos inolvidables en la que el tiempo pasa mientras adquieres sabiduría. Después de un tiempo pensándolo, todos decidieron pedirle al anciano que instaurase el tiempo en su mundo. Desde ese momento, en el mundo había niños, padres, madres, abuelos, bebés... La gente moría mientras que otros nacía y a pesar de ello, la gente era feliz.
-No lo entiendo papá, ¿cómo podían ser felices si se morían?
-Porque habían vivido. Cuno el abuelo se murió había vivido antes una larga vida: había tenido hijos y un nieto muy guapo. Había viajado mucho y conocido a mucha gente. Sabía muchas cosas y ya estaba muy cansado.
-¿Igual que yo después de un partido de fútbol?
-Igual hijo.
-Ya lo entiendo papá, el tiempo es como cuando yo me voy a la cama por las noches. Sirve para descansar después de un día muy duro.
-Sí, pero también sirve para aprovechar ese día al máximo sabiendo que la noche va a llegar.
-Me ha gustado mucho el cuento papá. Ahora no me dará tanta pena que pase el tiempo.
-Buenas noches hijo.
-Buenas noches papi.

miércoles, 2 de marzo de 2011

En pocas palabras

Vuelve y cuéntame en pocas palabras lo que has vivido sin mí. No te pares demasiado en los detalles, no me interesa saber las mujeres con las que has estado ni los coches que has comprado. Me basta con un resumen rápido que, a ser posible, alivie el dolor de todos estos años sin ti. Dime que no has podido ser del todo feliz, que sentías que te faltaba algo. Háblame de cómo has fracasado intentando encontrar el amor porque ninguna era digna de ocupar tu corazón.

Utiliza pocas palabras para referirte al tiempo que estuvimos separados. Ten cuidado y elígelas bien, recuerda que mi frágil corazón está todavía en tus manos y puedes romperlo. Quiero oír en qué lugares estuviste y lo que te llevo allí para poder encontrar un buen motivo que justifique nuestra separación. Déjame entender tus motivos para marcharte justo en el mejor momento, sin decir adiós. Cuéntame tus razones para volver y poner mi mundo patas arriba de nuevo.

En pocas palabras te diré que creí que eras la solución a todos mis problemas. Pensé que si tú hubieras estado yo hubiera sido feliz. Te idealicé, me engañé, sin entender que tú eras el causante de toda mi infelicidad y no la cura. Pasee de la mano de la locura el tiempo suficiente para darme cuenta de que tú me habías llevado allí. Viví en un pozo de sensaciones, alimentando a las desagradables porque me hacían compadecerme de mí misma.

Me puse en contacto con ella muchas veces, lloramos y reímos juntas, pero ella no aguantó,se fue. Y una vez más me quede sola en aquel lugar esperándote, imaginando futuros imposibles y recordando pasados inciertos. La primavera sucedió al invierno, y a éste el verano, y el otoño y de nuevo el invierno. Necesitaste más de cincuenta años para volver. Pero te avisé, ella ya no estaba, no lo había soportado, mi alma se había ido hacía mucho tiempo. Allí solo quedaba mi cuerpo, vacío, arrugado, autómata, sentado  con una vieja carta en el regazo, esperando que el tiempo se lo llevase de una vez por todas.

En pocas palabras cuéntame lo que sentiste al verme después de tantos años. Quiero saber por qué lloraste, qué esperabas encontrar, qué fue lo que tanto te decepcionó. No querías sentirte culpable de mi estado, preferías que en tu ausencia hubiera sido feliz para así poderte sentir bien contigo mismo. Da igual, no me importa, ya es tarde para ambos.

En pocas palabras me despido de ti, te esperaba solo para poder hacerlo. Me bastan tres términos para cerrar por fin mi vida vacía, para despedirme de la joven ilusa que fui un día, para no volver, para decirte todo lo que pasé sin ti. Allá van, espero que las entiendas en toda su plenitud: TE QUIERO, ADIÓS.

martes, 1 de marzo de 2011

Queda Prohibido

QUEDA PROHIBIDO
Queda prohibido llorar sin aprender,
levantarte un día sin saber que hacer,
tener miedo a tus recuerdos.
Queda prohibido no sonreír a los problemas,
no luchar por lo que quieres,
abandonarlo todo por miedo,
no convertir en realidad tus sueños.
Queda prohibido no demostrar tu amor,
hacer que alguien pague tus deudas y el mal humor.
Queda prohibido dejar a tus amigos,
no intentar comprender lo que vivieron juntos,
llamarles solo cuando los necesitas.
Queda prohibido no ser tú ante la gente,
fingir ante las personas que no te importan,
hacerte el gracioso con tal de que te recuerden,
olvidar a toda la gente que te quiere.
Queda prohibido no hacer las cosas por ti mismo,
tener miedo a la vida y a sus compromisos,
no vivir cada día como si fuera un ultimo suspiro.
Queda prohibido echar a alguien de menos sin
alegrarte, olvidar sus ojos, su risa,
todo porque sus caminos han dejado de abrazarse,
olvidar su pasado y pagarlo con su presente.
Queda prohibido no intentar comprender a las personas,
pensar que sus vidas valen mas que la tuya,
no saber que cada uno tiene su camino y su dicha.
Queda prohibido no crear tu historia,
no tener un momento para la gente que te necesita,
no comprender que lo que la vida te da, también te lo quita.
Queda prohibido no buscar tu felicidad,
no vivir tu vida con una actitud positiva,
no pensar en que podemos ser mejores,
no sentir que sin ti este mundo no sería igual.

Una noche, en un apartamento nos reunimos por última vez las diez y leímos esto. En nuestras cabezas montones de ilusiones para el nuevo año, para ese futuro que nos esperaba separadas. Soñábamos con estar unas cercas de las otras, con alargar la mano y encontrar a esa amiga que había estado siempre allí. Nueve meses después descubro que nada fue así. No volvimos a estar en el mismo lugar todas juntas como esa noche, no volvimos a compartir risas y piques y lo más importante incumplimos una por una las cosas que nos prometimos:


Lloramos sin aprender,
nos levantamos un día sin saber que hacer,
olvidamos por miedo a los recuerdos.
Lloramos y nos enfadamos cuando hubo problemas,
no luchamos por lo que queríamos,
lo abandonamos todo por miedo,
y muchos de nuestros sueños se evaporaron.
Se nos olvidó demostrar nuestro amor,
y los que nos querían pagaron nuestro mal humor y las dudas.
Dejamos a nuestros amigos de lado,
nos olvidamos de lo que vivimos juntos,
no les llamamos salvo cuando los necesitábamos.
Fingimos ante la nueva gente que conocimos,
al fin y al cabo no nos importaban,
hicimos bromas solo para ser recordados,
nos olvidamos de todos los que nos quisieron.
Dejamos que el resto solucionara nuestros problemas,
nos escondimos de la vida y lo que nos esperaba
y pasábamos los días como si fueran uno más de una larga lista.
Nos echábamos de menos
y lo negábamos, por orgullo,
no queriendo saber qué caminos habían tomado las vidas de los otros,
olvidamos el pasado y lo pagamos con el presente.
No intentamos comprender a nadie,
pensamos que sus vidas eran más importantes que las nuestras,
que sus caminos llevarían al éxito y los nuestros al fracaso.
Nos estancamos sin escribir nuestra historia,
sin escuchar, ni dedicarle un instante a la gente que nos necesita,
no comprendimos que mañana podían no estar.
No buscamos nuestra felicidad,
vivíamos con una actitud negativa,
sin pararnos a pensar en qué podemos mejorar.
Vivimos pensando que somos prescindibles y que nada cambiaría si no estuviésemos.

domingo, 20 de febrero de 2011

Irremediablemente lejos

No podría definir el segundo exacto en el que todo ocurrió, la hora concreta en el que los muros que me había esforzado en construir alrededor de mi corazón durante tanto tiempo cayeron como si fueran de cartón.
Como un viento huracanado entró en mi vida volviéndola del revés y me hizo soñar otra vez, como antes, como si todo aquel tiempo que pasé escondida entre la oscuridad de las lágrimas no hubiera existido. Era la pieza perfecta para mi puzzle, con él sonreía a solas y no podía dejar de hablar de él. Le mostré mi heridas, que llevaban abiertas dos años, le dejé que intentara curarlas y asombrosamente empezaron a cicatrizar para mí, para él.

De pronto, sin aviso, una nueva pared se empezó a construir en un alma, pero esta vez no era en la mía. Su corazón no quería sufrir y una montaña de ladrillos se apiló frente a la última puerta que me quedaba por traspasar. La distancia y el tiempo contribuyeron a levantar todos aquellos miedos a su alrededor.
Mis viejas heridas se volvieron a abrir pero esta vez no lo hicieron por el pasado sino por el futuro que no tendríamos, las oportunidades que un puñado de kilómetros nos impedían vivir, los abrazos que nunca le daría y los besos que permanecerían por siempre en mis labios.



Y volví a esa oscuridad donde había pasado tanto tiempo oculta, segura, donde no podía amar ni ser amada, pero tampoco sufrir, sentir dolor... Y allí permanecí esperando a volver a salir, sintiendo algo que iba cada día en aumento, que avanzaba irremediablemente por mi lado mientras que por el suyo permanecía impasible.
Y lloré como solía hacer no hacía mucho tiempo, me enfadé y volví a llorar. No era justo, encajábamos perfectamente, totalmente diferentes y complementarios. Él tenía un hombro para recoger mis lágrimas y yo un oído para escuchar sus lamentos y nada le bastaba al destino. Nos había juntado a decenas de kilómetros y había hecho que esa distancia nos separase.

Hoy se me han ido las palabras, solo hay vacío en mí y me culpó de todo lo que pasó por como alguien dijo alguna vez: "La distancia no la impone la geografía sino los corazones que no saben amar". No supimos afrontar el reto que se nos presentó y preferimos jugar sobre seguro, quizá nunca tengamos deudas pero no sabremos qué hubiera sido de apostarlo todo por lo que sentíamos.

sábado, 19 de febrero de 2011

Le llamaban loca

El mundo fue sólo de los dos
y para los dos
su hogar unas nubes tendidas al sol.
En sus miradas amor; en sus respuestas sí
y para su dolor un solo fin.

Él se fue, los cabellos pintados de gris
ella dejó de cuidar las flores del jardín
y le decía ven, tenemos que vivir.

Y los muchachos del barrio le llamaban loca
y unos hombres vestidos de blanco le dijeron ven
y ella gritó no señor ya lo ven yo no estoy loca
estuve loca ayer pero fue por amor
y los muchachos del barrio le llamaban loca.

En el hospital en un banco al sol
se la puede ver
sonreír, consultando su viejo reloj
pensando que ha de venir aquél que se marchó
y se llevó con él su corazón.



Y los muchachos del barrio le llamaban loca
y unos hombres vestidos de blanco le dijeron ven
y ella gritó no señor ya lo ven yo no estoy loca
estuve loca ayer pero fue por amor
y los muchachos del barrio le llamaban loca.

No vendrá, él la espera en sus nubes al sol
en ese mundo que ayer tan sólo fueron dos
en ese mundo que triunfó el amor

y los muchachos del barrio le llamaban loca

Una canción muy bonita que habla de la locura del amor y del vacío que queda cuando se pierde. Envejecer junto a la persona a la que quieres es el mayor regalo que puede dar la vida. Hay veces que solo se nos entrega a esa persona durante un pequeño instante, un momento que se convierte en el más feliz, pero vale la pena un día con ella aunque luego tengamos que soportar una vida en soledad. El amor, tantos libros y canciones sobre él y solo un pequeño grupo de afortunados tienen el privilegio de conocerlo en su máximo esplendor.

martes, 15 de febrero de 2011

Peter Pan

Hay muchas formas distintas de ser valiente. Se es valiente cuando se piensa en los otros y no en uno mismo, aunque papá jamás ha blandido una espada ni ha disparado una pistola, gracias a Dios, pero ha hecho muchos sacrificios por su familia y ha dejado a un lado muchos sueños.
- ¿Dónde los ha dejado?
- Los ha dejado en un cajón. Y a veces, por la noche, los sacamos y los admiramos. Pero cada vez resulta más difícil cerrar el cajón. Él lo hace. Y por eso es tan valiente. 



La valentía no consiste en no tener miedo, eso es estupidez. Los valientes temen y aún así arriesgan y no lo hacen por sí mismos sino por los que quieren. No piensan en lo que pueden perder sino en lo que van a ganar, en las personas a las que van a hacer felices. Ser valiente no consiste en contar historietas de fantasmas en un cementerio sino dejar de lado por un momento nuestras preferencias y pensar en los demás, poder mirar cada día nuestros sueños sin tener miedo de no poder cumplirlos.

sábado, 5 de febrero de 2011

Sin ti

¿Qué ocurre? ¿Dónde estoy? Me pregunto por qué motivo lo que por la mañana consigue ilusionarme de la manera más inquietante y explosiva, por la noche se convierte en lo más doloroso de mi vida.
Quiero saber por qué la gente sale de mi vida dejando una huella de fuego, dolorosa y desagradable. Quiero saber por qué todo el mundo pasa de largo, nadie permanece y los que lo hacen se despiden entre lágrimas.
Si existe otra vida me gustaría recordarla y saber qué hice mal para enmendarlo y evitar ser castigada por ello ahora.
No quiero una vida en la que tú no estés, aunque sea un segundo, para mí es una vida entera.

jueves, 27 de enero de 2011

Dudas

Alguien dijo alguna vez que en el momento en que te paras a pensar si quieres a alguien, ya has dejado de quererle para siempre. [Carlos Ruiz Zafón. La Sombra del Viento]


Las dudas  y el amor son incompatibles. La desconfianza se convierte en la criptonita de una relación que la debilita hasta consumirla y reducirla únicamente a cenizas. Es como intentar construir un edificio de cien plantas sin cimientos, como basar una amistad en mentiras, como intentar cruzar el océano con un barco de papel.
Y poco a poco el tiempo erosionará la relación hasta llegar al punto en el que te cuestionas si de verdad le quieres, si está hecho para ti, y comienzas a recrear otras posibilidades sin él. Imaginas cómo sería tu vida sin su presencia y no te desagrada lo que ves. En ese momento puedes acabar la historia con un "THE END" a lo Hollywood y otear nuevos horizontes en busca de esa persona que sea para ti y tú para él.

martes, 25 de enero de 2011

Mi reflejo

¿Qué tengo que intentar?
¿Cuánto habrá de ocultar?
Es la imagen que alguien vio, no es la realidad


Y así tras una máscara tengo que ocultar todo lo que soy, lo que eres para mí y lo que me has obligado a sentir por ti. Te odio por hacerme daño, por tratarme como un desperdicio, por dejarme como una mentirosa. Quiero te desaparezcas de mi mente por lo que me has hecho pasar, porque sé que nunca he significado nada para ti.
Pero a la vez te echo de menos. Añoro a la persona que me hacías ser, las risas y los piques y pensar que era realmente importante para ti. Echo de menos cuando las cosas no dolían tanto por el hecho de que tú estabas ahí. Me gustaría tenerte ahí cuando necesito hablar, que te alegres cuando yo lo hago (o que por lo menos lo finjas), que me digas que me quieres, aunque no sea cierto.
Cuando pongo en una balanza los pros y los contras de intentar arreglarlo contigo gana lo bueno, las cosas bonitas que hemos pasado y se podría repetir. Pero ambos sabemos que eso es a corto plazo, que yo no confío en ti porque sé que eres peor que la más letal de todas las armas. Así que prefiero dejarlo así y poder obtener algún beneficio a largo plazo.
Y tú, qué decir de ti. Sigues convencido de que todo lo hice por herirte, por destrozarte, por celos. Pero ambos sabemos que eso no es verdad, que yo estaba despegando sin ti y, una vez más, me cortaste las alas. No actué en tu contra sino en mi favor, lo hice porque sabía que era lo correcto y no me arrepiento. Solo espero que algún día puedas darte cuenta de todo y asumas tus errores; si en ese momento sigues creyendo que los celos me guiaron te pediré perdón, pero no fue así.
Y toda esa añoranza se esconde tras ese reflejo, tras esa sonrisa que intento mantener a cualquier precio, bajo la coraza que ahora nadie consigue romper. Ahí estás tú, una vez más en lo más profundo de mi ser, amarrándote a mí e impidiéndome ser feliz.

domingo, 23 de enero de 2011

Un día en cama

Ya Aristóteles en su filosofía afirmaba que el ser humano es un ser social. Para él, este dato implicaba una organización política, para los más románticos una visión del hombre rodeado de gente: amigos, familias... 
Cada uno ocupamos un lugar entre nuestros padres, hermanos, abuelos y tíos. No todos nos agradan por igual, ni les entregamos nuestro cariño de igual manera, ni recibimos lo mismo de todos, pero no podemos elegirlos, vienen de serie.
En cambio existe otro grupo, normalmente reducido, al que sí elegimos pertenecer: los amigos. Ellos son la familia que sí elegimos. Ellos son capaces de estar a nuestro lado siempre, en una posición discreta. Ellos saben cuando deben decir lo que quieres oír y cuando contradecirte para que no te estanques en el camino. Ellos saben quién te rodea por interés y aunque los desprecies vuelven a estar cuando los necesitas. Un amigo de verdad jamás te insulta, te dice las cosas con el cariño con el que se dan los consejos. Esas personas no te echan cosas en cara una y otra vez, con una vez es suficiente, ni ven en tus actos malas intenciones. Un amigo respeta tus decisiones aunque sepa que no son las adecuadas permaneciendo a tu lado para levantarte si caes.
Sí, efectivamente somos un ser social y necesitamos a los demás en nuestra vida, pero podemos elegir quién queremos que nos rodee y quién es de verdad un buen amigo. De nada sirven las personas que día tras día te recuerdan tus defectos, que no reconocen tus logros, que no saben frivolizar con las cosas que carecen de importancia, que no saben apreciar lo que tienen. 
El tiempo es escaso y hemos de disfrutarlo con las personas que de verdad importan, aunque estas vayan cambiando a lo largo de nuestra vida.

viernes, 14 de enero de 2011

¿En mis zapatos?

Puedes estar toda tu vida viviendo en unos zapatos que no son los tuyos, simplemente porque te gusta cómo te quedan. Con ellos eres capaz de lograr cosas extraordinarias, de conocer gente que, de otra manera, no conocerías, de ganar dinero... Pero una mañana te levantas con los pies llenos de ampollas y rozaduras y examinas los zapatos. Realmente la suela no era tan gruesa como tu pensabas, por lo que cada china en el caminó te dolió más que a cualquier otro. Pensaste que era tu número, pero tu pie era dos tallas más pequeño y tu talón presenta una fea herida, a la vez que tus dedos están encogidos y morados. Los compraste por su color, te encantaba aquel rojo carmín, y ahora descubres que en realidad son marrones tirando a negro y están muy sucios.
Con la vida ocurre igual. A veces nos empeñamos en vivir una vida que no es la nuestra solo por conseguir éxitos, cosas materiales y dinero. Pero un día, normalmente cuando es demasiado tarde, nos damos cuenta de que no hemos sido felices y decidimos hacer balance de nuestra vida. La gente que nos rodeó estaba con nosotros por nuestras riquezas por lo que en los momentos malos nos encontramos solos y todo nos afectaba mucho más a cualquier otra persona. Otras veces no explotamos a fondo nuestras posibilidades por miedo a fracasar o por comodidad y mientras que nosotros nos creíamos gente exitosa, el resto no veía como unos papanatas comprados.
Al final de tu vida ves tus errores. Algunos los recuerdas con cariño por sus positivas consecuencias, otros son motivo de amargura y de algunos hasta te arrepientes. Pero en esos últimos momentos también ves el resto de tu vida: las risas, las fiestas, los momentos con los amigos, con tu pareja... y sabes que tu vida tiene sentido. La vida es un camino de ilusión en el que a veces aparecen piedras en el camino que esquivar o saltar, en cambio si te calzas unos zapatos equivocados se convierte en un tortuoso viaje que estás deseando acabar.

jueves, 13 de enero de 2011

El tiempo

El ser humano mide el tiempo en minutos, horas... Pero a la hora de recordar momentos los mide en días. Existen días grises y días claros, días despejados en los que llueve y días lluviosos llenos de luz. Hay días en los que quieres llorar y otros en los que ríes. Hay días entre días y días especiales, días de cumpleaños y primeros días de una larga vida.
A veces vivimos días que nos parecen meses y meses que parecen días. En algunos días vivimos momentos que se repiten en varios días y otros que son únicos. Hay días con nombres y apellidos y otros son días perdidos en un calendario, días que quisieras alargar y días que te gustaría acortar.
Quizás algunos días te pasen por encima pero siempre hay muchos días a los que consigues dominar. Recuerda esos días que son palabras y los que son hechos, los que te hacen avanzar y los que te obligan a retroceder, los que te obligan a crecer y en los que quieres volver a la niñez.
Hay días que siempre recordarás aunque lo quisieras olvidar y días que olvidarás aunque los quisieras recordar. Mucha gente escondida entre días que pasan desapercibidos entre días señalados con rojo. Cada día nace gente y muere otra, el día inicial para unos y el final para los que se van.
Existen días en los que vives en la oscuridad para despertar en la luz del otro día. Hay días que terminan en el hogar y otros en la mesa de un bar, días aprovechados y días malgastados por los teóricos dueños del día.
Pero el día, sea triste, feliz, completo, vacío, dulce o amargo se acaba. El día es limitado, son 24 horas, 1440 minutos y 86400 segundos que en el momento que pasan crean una barrera infranqueable. Una frontera que abre la puerta a un nuevo día a la vez que sella el anterior con el cerrojo más fuerte posible: el tiempo.
Y es así como un día sucede a otro y como nos movemos, cabalgando entre ellos, esperando a que nos ofrezcan algo que deseamos, o intentando modificarlos. Pero sea como sea podremos vivir una vida fragmentada en días y elegir los actos de esos momentos, pero lo que no podremos seleccionar es el tiempo del que disponemos cada día. Igual que a Cenicienta nos han concedido hasta las doce, podemos ir al baile y disfrutar o, por el contrario, quedarnos lamentando el poco tiempo que tenemos.

viernes, 7 de enero de 2011

Y cogí un barco

Y cogí un barco, y dejé al capitán que me llevara con él. Me daba igual el lugar, no me importaba la ciudad, el país o el continente, ni siquiera el tiempo que tardase en llegar. Llegar al otro extremo del mundo no suponía un problema, alejarme de todo, abandonar mi vida a su suerte.
Las olas balanceaban mi cuerpo, el aire hacía ondear mi pelo y la suave brisa mojaba mis brazos. Miraba fija al horizonte, diciendo adiós sin la esperanza de volver, sin ser capaz de recordar un momento bonito, aunque los hubiese.
Las pesadillas me atormentaban, oscureciendo mi rostro y creando una sombra oscura en mi mirada. Lo deseaba, lo necesitaba, el pájaro por fin había echado a volar, libre, sin cadenas, dejando el peso atrás.
El barco se abría paso entre el mar, un mar que parecía una masa imposible de atravesar pero que en realidad era frágil. La noche se cernía sobre la vela mientras las lágrimas surcaban mi rostro.
Sé que las lágrimas no van a cambiar nada, los errores se han grabado a fuego en el libro de la vida. El dolor causado permanece impasible en los corazones de las personas que perdonan, pero no olvidan. Soy consciente de que mi llanto es inútil, no debí llevar las situaciones al límites, a un punto donde ya no era capaz de solucionarlo.
Nunca pensé que agradecería tanto el silencio que ahora me rodeaba, yo que siempre había huido de él. Pero ahí estaba sin escuchar nada, sola de nuevo, rumbo hacía un lugar desconocido.
La noche llegó y yo seguía en la misma postura con la que había abandonado el puerto. No era capaz de asimilarlo, no era capaz de identificar la pieza exacta que había fallado pues todas habían caído a la vez. Realmente eso ya no servía de nada. El ser humano tiene la mala costumbre de darse cuenta de los errores una vez cometidos. Puede vivir metiendo la pata años y solo reconoce que se ha equivocado cuando pierde algo importante.
Sabía que era el momento y lo dejé caer, allí, en medio del mar. Los restos de su cuerpo en forma de partículas grises volaron, la urna donde había comenzado su último viaje quedó vacía ya, todo había terminado para los dos y las lágrimas volvieron a brotar una vez más por mis mejillas. Lloraba por mi estupidez, por la suya, por la de los dos, por todo lo que había hecho que jamás volviéramos a estar juntos, incluso en sus últimos minutos.
Quizá en ese momento lo comprendí y me di cuenta de qué había sido. Hay un libro que dice: "Hay personas que pasan por la vida buscando y nunca encuentran a su alma gemela. Nunca. Tú y yo la encontramos, sólo que las tuvimos por un periodo más corto del habitual". Nosotros nos encontramos pero no supimos querernos en el momento adecuado o del modo correcto y ahora ya no está.
Él se posó por última vez sobre la superficie antes de que sus cenizas se hundiesen definitivamente en el agua. Parecía que se estaba despidiendo de mí. Sentía su mano acariciar mi pelo y su boca besar mis labios, y le oí susurrarme al oído que no me sintiese culpable. Entonces desapareció, tal y como había venido, sin hacer ruido, de puntillas, dejándome el corazón roto y dolor en el cuerpo.
Ese fue el último viaje de ambos: el de los dos juntos porque nunca más hubo "los dos", el suyo porque su corazón ya no latía y el mío porque nunca más saldría del lugar al que me condujo aquel velero. Era el precio que tenía que pagar por mi error y era mi deber asumirlo sin reticencias.