-->

viernes, 26 de abril de 2013

¿Podías?


-¿Podías?

- Podía, es más, estaba al alcance de mi mano, tan cerca que si abría mi mano lo hubiese tocado, acariciado y con un poco más de esfuerzo, quizá, capturado.

-Hablas como si se hubiera escapado.

-Así fue. Llegó a mi lado, estuvo unos instantes y luego se fue. Voló muy alto y se perdió en el cielo para no volver más.

-Y, ¿por qué lo dejaste escapar?

-Porque así tenía que ser. No podía retenerlo. Los mejores momentos llegan, nos sorprenden, nos hacen reír y, a veces, hasta llorar, nos enloquecen un tiempo y, tal como llegaron, desaparecen sin despedirse. Y nosotros nos quedamos con cara de tontos, pensativos y preguntándonos si podíamos haber hecho algo para estirar ese instante de felicidad. Algunas personas asumen antes que otras que no son superhéroes y que, como seres humanos, no pueden detener el tiempo, ni hacerlo avanzar y, mucho menos, repetirlo.

-¿Tú descubriste que no tenías superpoderes?

-Ojalá. Yo fui de esas que se quedó con cara de tonta eternamente, regocijándose en la idea de poder luchar contra el destino. Durante mucho tiempo pensé qué hubiera pasado si hubiese abierto la mano para acariciarlo. Puede ser que jamás partiese pero, ¿de qué sirve retener algo que no quiere quedarse? La vida es especial por breve, por intensa y porque es capaz de crear recuerdos eternos.

-¿Y ahora?

-Presente. Aumenté la capacidad de mi memoria, abrí mi mano para acariciar a aquellos que estuvieron lo bastante cerca y, cuando creí que algo merecía la pena, estiré los dedos y lo alcancé, sin volver a cerrarlos, sin retenerlo, solo me permití tocarlo. De vez en cuando, alguno se quedó y se instaló junto a mí para hacerme feliz, otros se convirtieron en sonrisas en blanco y negro que, aún hoy, vienen a mi cabeza cuando estoy triste. Y ahora, como tú dices, solo puedo abrir la mano para rozar tu nariz mientras te vas.

miércoles, 10 de abril de 2013

¿Es complicado?


-Se acabó-dijo ella.

-¿Por qué?- preguntó él.

-Ocurre que, después de pasar mucho tiempo con alguien, conoces perfectamente cómo funciona esa persona. Sabes cuál es su comida favorita, qué cosas odia hacer y dónde tiene cada lunar. Podrías recitar el nombre de sus amigos, de su familia y de sus deportistas preferidos. Pero, a veces, solo tienes esa lista de datos, nada más. Cuando eso pasa, lo mejor es alejarse e intentar sacar de la cabeza lo que nunca tuvo un hueco en el corazón.

-¿Fue eso lo que sucedió?

-Sí. Yo lo sabía todo de él y, probablemente, él de mí; pero, a la vez, ninguno de los dos sabíamos nada del otro. Nunca supe interpretar sus sonrisas ni jamás averigüé en qué pensaba cuando su mirada se perdía en la distancia. Muchas veces pasa, dos personas se empeñan en estar juntas, luchan por conseguirlo y, cuando por fin lo han logrado y la calma se ha instaurado en sus vidas, se dan cuenta de que ya no hay nada que los una.

-¿Y después?

-A veces nada, solo eso, vacío, pérdida. En otras ocasiones, ocurre algo extraordinario. Te das cuenta de que otra persona, un amigo se ha convertido en algo más, en alguien al que no quieres entregar sólo tu tiempo, sino compartirlo con él. Una persona que, después de mucho tiempo observándote, es capaz de hablarte con su mirada. Coge tu mano y no pretende dirigirte hacía ningún lado, sino caminar contigo. Y lo mejor de todo, es que no necesitas que esté ahí en todo el momento, tu vida no gira a su alrededor. Simplemente, en algún punto, vuestras órbitas se han cruzado y vuestros núcleos se han chocado para convertiros en una sola persona. En ese momento sabes que las cosas han cambiado y que quieres estar con él.

-¿Es complicado?

-Eso dependerá de nosotros.