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domingo, 3 de abril de 2011

Quizá...

Quizá hubiera bastado con alzar la cabeza en el momento adecuado y mirarnos a los ojos. Podríamos haber descubierto lo que el otro tenía que decir, lo que siempre callábamos por miedo a hacernos demasiado daño sin saber que al ocultarlo nos alejábamos cada vez un poco más.
Quizá respirar al mismo ritmo hubiera sido suficiente, coordinar los latidos de nuestros corazones, pero lo cierto es que nunca lo intentamos. Nos refugiábamos en que los polos opuestos se atraen y nuestros imanes fueron desprendiéndose de su magnetismo hasta el punto de no saber qué hacíamos juntos.
Quizá recoger una lágrima de tu rostro cuando llorabas nos hubiera salvado de la inundación que vino después. Pero ilusa de mí pensé que podría recogerlas en cascada con un cubo más tarde y no me preocupé de prevenirlas cuando estaba a tiempo.
Quizá lo único que necesitábamos era mirar juntos en la misma dirección, olvidarnos de los puntos cardinales y elegir nuestro objetivo común. Solo conocimos el "yo" y el "tú", nunca hubo un "nosotros" que lograra sueños y experiencias comunes y que mantuviera nuestros caminos juntos.
Quizá hubiera bastado con sentarnos a escuchar el sonido del silencio, juntos, uniéndonos en un solo ser para siempre. Vivimos nuestra historia corriendo, con prisas siempre por hacer esto y lo otro, entre el ruido, sin tiempo para disfrutar de la compañía y del escaso tiempo que se nos había otorgado.
Ahora es tarde, no para ti y para mí sino para ese "nosotros". No hay camino juntos, solo bifurcaciones que no obligan a separarnos, sonidos del pasado que retumban en nuestro interior intentando escapar. Lo que queda es esa tensa calma que sucede a la tormenta, la que sostiene las situaciones esperando a que éstas se derrumben por su propio peso. 
Y es así, no hay más, nos tenemos que conformar con las sombras del sol del mejor día de verano.

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