-Hijo esa es una historia muy larga, es la historia del tiempo.
-Cuéntamela, papi, por favor.
-Está bien. Pero me tienes que prometer que no vas a llorar.
-Te lo prometo, yo soy un hombre y los hombres no lloran.
-Pues verás, antes el mundo no se movía, todo esta quieto, dormido, no existía el tiempo. Los animales y las plantas reían y eran felices y nunca jamás morían. Las personas también se divertían mucho, se pasaban el día riendo y hablando de cosas sin importancia, nadie lloraba, todos eran siempre jóvenes. Pero un día un niñito de tu edad se puso muy triste.
-¿Por qué papá, no tenía amigos?
-Sí tenía muchos amigos que le querían mucho y que le hicieron muchos regalos para ponerle contento.
-Entonces papá, ¿qué le pasaba?
-Pues como el tiempo no existía, él era muy muy muy mayor. Llevaba viviendo mucho tiempo siendo un niño y estaba cansado. Quería dormirse para siempre un día.
-Sigue contando.
-Un día estaba tan triste que se fue a dar un paseo por el bosque. Las plantas y los animales le miraban y no entendían por qué aquel niño estaba triste, pero no decían nada por miedo a que les contagiase aquellas cosas que brotaban de sus ojos y ellos no habían visto nunca.
-¿Qué eran esas cosas?
-Lágrimas, cielo.
-Ah ya lo entiendo.
-El niño se sentó en una piedra y continuó llorando. De repente apareció allí un hombre que parecía muy mayor. Tenía una larga barba blanca y en su cabeza no quedaba un solo pelo, unas arrugas recorrían su cara y un bastón acompañaba sus pasos. El niño no sabía que criatura era aquella porque en su mundo todos eran jóvenes y tenían pelo. El anciano le pregunto que por qué estaba triste y el niño le explicó su cansancio. El hombre le explicó que en el lugar de donde él venía había una cosa que se llamaba tiempo y que hacía que nadie viviese para siempre, así no se podían cansar, pero todos sin excepción acababan muriéndose. El niño le dijo que él quería tener una vida tiempo y el hombre le concedió el deseo.
-Pero papá si tenía tiempo se moría y si se muere deja atrás a todas las personas a las que quiere.
-Sí hijo sí, pero déjame terminar la historia. El niño volvió a su casa muy contento porque sabía que ya no se iba a cansar más. Vivió muchas cosas en su vida y se enamoró. Pero el tiempo le acompañaba envejeciéndole, pero haciéndole mucho más sabio. Todo el mundo quería su consejo y su amada le acompañaba en cada viaje que hacía. Un día, cuando ya sabía que el final estaba cerca le contó a su joven mujer la historia del anciano encontrado y del tiempo. La mujer, triste, salió a buscar al hombre de la historia y lo halló en el camino. El viejo que ya sabía lo que la dama quería le concedió también el estar sometida al tiempo y ella regreso a casa llena de arrugas y esperando también su hora. Marido y mujer murieron días después en su casa, con una sonrisa, cogidos de la mano.
-Qué historia tan triste papá.
-Espera, aún no ha terminado. La gente, que nunca había visto morir a nadie, se puso muy triste porque ya no tendrían los consejos del sabio y según pasaba el tiempo se aburrían de la eternidad en la que vivían. De nuevo apareció el anciano del camino y les contó la historia del tiempo. En ese momento, ellos lo entendieron todo, merecía vivir una vida corta pero llena de momentos inolvidables en la que el tiempo pasa mientras adquieres sabiduría. Después de un tiempo pensándolo, todos decidieron pedirle al anciano que instaurase el tiempo en su mundo. Desde ese momento, en el mundo había niños, padres, madres, abuelos, bebés... La gente moría mientras que otros nacía y a pesar de ello, la gente era feliz.
-No lo entiendo papá, ¿cómo podían ser felices si se morían?
-Porque habían vivido. Cuno el abuelo se murió había vivido antes una larga vida: había tenido hijos y un nieto muy guapo. Había viajado mucho y conocido a mucha gente. Sabía muchas cosas y ya estaba muy cansado.
-¿Igual que yo después de un partido de fútbol?
-Igual hijo.
-Ya lo entiendo papá, el tiempo es como cuando yo me voy a la cama por las noches. Sirve para descansar después de un día muy duro.
-Sí, pero también sirve para aprovechar ese día al máximo sabiendo que la noche va a llegar.
-Me ha gustado mucho el cuento papá. Ahora no me dará tanta pena que pase el tiempo.
-Buenas noches hijo.
-Buenas noches papi.
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