El ser humano mide el tiempo en minutos, horas... Pero a la hora de recordar momentos los mide en días. Existen días grises y días claros, días despejados en los que llueve y días lluviosos llenos de luz. Hay días en los que quieres llorar y otros en los que ríes. Hay días entre días y días especiales, días de cumpleaños y primeros días de una larga vida.
A veces vivimos días que nos parecen meses y meses que parecen días. En algunos días vivimos momentos que se repiten en varios días y otros que son únicos. Hay días con nombres y apellidos y otros son días perdidos en un calendario, días que quisieras alargar y días que te gustaría acortar.
Quizás algunos días te pasen por encima pero siempre hay muchos días a los que consigues dominar. Recuerda esos días que son palabras y los que son hechos, los que te hacen avanzar y los que te obligan a retroceder, los que te obligan a crecer y en los que quieres volver a la niñez.
Hay días que siempre recordarás aunque lo quisieras olvidar y días que olvidarás aunque los quisieras recordar. Mucha gente escondida entre días que pasan desapercibidos entre días señalados con rojo. Cada día nace gente y muere otra, el día inicial para unos y el final para los que se van.
Existen días en los que vives en la oscuridad para despertar en la luz del otro día. Hay días que terminan en el hogar y otros en la mesa de un bar, días aprovechados y días malgastados por los teóricos dueños del día.
Pero el día, sea triste, feliz, completo, vacío, dulce o amargo se acaba. El día es limitado, son 24 horas, 1440 minutos y 86400 segundos que en el momento que pasan crean una barrera infranqueable. Una frontera que abre la puerta a un nuevo día a la vez que sella el anterior con el cerrojo más fuerte posible: el tiempo.
Y es así como un día sucede a otro y como nos movemos, cabalgando entre ellos, esperando a que nos ofrezcan algo que deseamos, o intentando modificarlos. Pero sea como sea podremos vivir una vida fragmentada en días y elegir los actos de esos momentos, pero lo que no podremos seleccionar es el tiempo del que disponemos cada día. Igual que a Cenicienta nos han concedido hasta las doce, podemos ir al baile y disfrutar o, por el contrario, quedarnos lamentando el poco tiempo que tenemos.

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