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sábado, 4 de junio de 2011

Dejando el medio a un lado


Llevo toda la vida escuchando que el término medio es el correcto, que los extremos nunca son buenos. En política ni muy a la derecha, ni muy a la izquierda; el vestido ni demasiado largo, ni corto; la comida ni en abundancia, ni escasa... todo en el medio.

Pero hay cosas que, como decía Aristóteles, no admiten término medio: no puedes amar un poco, ni odiar con mesura, no puedes ilusionarte a medias, entregarte en parte o sentir una fracción de tristeza o felicidad. Y cumplir el término medio en estos casos te lleva a la nada, porque si no amas, ni odias, ni te entregas al cien por cien no sabes qué es lo mejor de cada una de esas pasiones y no existen para ti. Porque si eres feliz no reparas en la tristeza y si estás triste no hay hueco para la felicidad. Porque la ilusión y la esperanza cuando aparecen, residen en ti y en tu estómago al completo y no dividas en capítulos.

Quizá sea parecido a la música. Si te enfrentas a la obra más bonita del mundo con mesura vas a obtener algo retenido, que no dice nada del intérprete, que no transmite nada a los que la escuchan. Pero un músico es capaz de afrontar la pieza más sencilla con garra, dándolo todo en cada nota, sin término medio y hacer que broten lágrimas en el público, que surjan ovaciones y aplausos, que un teatro entero se ponga en pie.

Y es que el término medio muchas veces llama a la mediocridad, a ser un amigo mediocre, un hermano mediocre, un padre o madre mediocre y lo más importante, un Yo mediocre. Y, al fin y al cabo, la vida es eso, ser un Yo, un sujeto que se construye día a día de lo que vive. El término medio está muy bien para no correr riesgo, para comprobar el suelo antes de dar un paso hacia adelante, pero si no nos equivocamos no aprendemos y no creamos memoria.

Muchas veces para huir de las mitades necesitas dejar de pensar, olvidar los prejuicios sobre ti mismo y actuar según llegan las situaciones. Pero no es como hacer puénting sin cuerda, no es olvidarse del término medio siempre, más bien consiste en examinar tu vida, ser consciente de los riesgos y aún así asumirlos.

Cosas que ocurren en el día a día como una sonrisa antes de entrar en un quirófano volunta-riamente para mejorar tu calidad de vida, como echar una carrera con un corazón débil, como contradecir a tu mundo y decidir ser tú mismo y avanzar. Correr y correr de cara al viento que a veces te quita la respiración, pero que tan necesario resulta para respirar, pues el viendo es simplemente eso, un extremo que ha huido del medio.

Para David. Gracias por seguir leyendo esto a pesar de los líos mentales que, a veces, suponen. Para que pase lo que pase sigas amando hasta el extremo aunque por ello te puedan odiar también hasta el extremo.