He pasado toda mi vida imaginando algunos momentos de mi vida: los más románticos, los más emotivos, los más duros. En ocasiones me veía rodeada de todos mis amigos, otras veces aparecía junto a un chico espectacular, guapo, cariñoso, perfecto. La gente importante para mí compartía mi vida paso a paso, me sonreía en la distancia y me tendía la mano en la cercanía.
Muchos de esos sueños se van haciendo realidad y ellos están ahí, tal y como imaginé. Pero no eran los mismos que permanecieron ayer. Muchos de los antiguos amigos no se han ido, me siguen contemplando y alegrándose por mí. Pero las filas de gente querida se llena de otras personas, gente que ha aparecido en los últimos tiempos y que se ha ganado el derecho de estar allí.
La imagen de aquel chico increíble ha sido sustituida por otras más reales. Ya no espero un príncipe azul en mallas que venga a rescatarme de mi vida, con una sonrisa perfecta y unos brazos fuertes. Ahora me conformo con alguien que me rodee en un cálido abrazo cuando esté mal, que me aconseje cuando crea que voy a equivocarme y que se ría conmigo cuando toque porque para esa persona yo también seré especial.
Hoy las lágrimas vienen a mis ojos al verme así, rodeada de brazos dispuestos a sostenerme si me tropiezo, unos nuevos y otros no tanto. Así puedo seguir viviendo sin miedo porque sé que están ahí para darme un consejo, para secar mis lágrimas y para pasarlo bien conmigo.
Gracias a todos.
Nunca pierdas las esperanza... Algún día encontraremos a nuestro príncipe azul. Eso sí, si el tuyo mide 1'70, es rubio, tiene músculos hasta en la oreja y le gustan los domingos fríos de manta, peli y palomitas, te has confundido... ese es el mío.
ResponderEliminarMe incluyo entre lágrimas de emoción entre ese "gracias a todos" y me despido. Debo irme, tengo sueños que rodar.
Atentamente: Vincent Finch.