-->

miércoles, 22 de mayo de 2013


La era del No, la palabra del futuro. Cada día nos dicen no hay trabajo, no tienes una oportunidad, pero no te rindas. La negación se antepone a todo lo que nos rodea: no creas, no sueñes, no aspires e, incluso, no lo intentes. Una generación de pesimistas que abarca todos los rangos de edad; los viejos por viejos y los jóvenes porque no conocen otra cosa.

Los que tienen suerte se encuentran con un Sí, pero No. Sí estás capacitado, pero no hay un lugar para ti; sí te queremos, pero no podemos pagarte; sí eres necesario, pero no aquí. Los que desafían a la negación son llamados idealistas, inocentes, inexpertos; los que se amoldan a ella son conformistas, carentes de imaginación, mediocres… No hay solución buena más allá del No.

Los periódicos se llenan de noticias sobre medidas económicas que no funcionaron o no se cumplieron, guerras que no acabaron, deudas que no se pagaron o personas que no sobrevivieron. "No hay", "no existe", "no nos queda" y el temido "no puedo prometer nada".

El "puede" y el "quizá" ya no son una opción, demasiada esperanza. Es preferible la rotundidad absoluta que no decepciona, que no hace albergar esperanza. Los ambiciosos son una lacra que hay que eliminar, los emprendedores son el cáncer de una sociedad que tiene por pilares el estatismo y la apatía.

¿Qué ocurriría si alguien alguna vez usara el No de una manera diferente? En una pregunta, por ejemplo, ¿por qué no lo voy a intentar? o, aún mejor, ¿por qué no lo voy a conseguir? La negación optimista, las puertas que se vuelven a abrir.

Ya que estamos cambiando el sentido del No, ¿qué pasaría si alguien añadiese al pesimismo un poco de esperanza? No sé, se me ocurre algo como "no eres lo que busco, pero te voy a dar una oportunidad", "no, de momento" o "no, todavía". Una vía de escape hacia el Sí, una motivación para intentarlo, para lograrlo.

Un último intento por ver el lado bueno al No: ¿por qué no anteponemos el monosílabo a verbos como sufrir, caer, llorar, odiar, olvidar o temer y se lo quitamos a amar, sentir o esperar? En mi opinión, podemos formar una frase mucho más interesante, ¿NO?

"No sufras, no temas, no llores y, pase lo que pase, no caigas. Ten paciencia, espera, ama, siente y nunca olvides".

martes, 14 de mayo de 2013

Otoño en Berlín


Una vez un muro cayó en un país no muy lejano. Se llevó por delante los años de miedo, de inseguridades, de mirar al de al lado como un aliado y al de enfrente como un enemigo. Aquel 9 de noviembre de 1989 centenares de personas se abrazaron y derramaron lágrimas de felicidad por el mismo motivo. Miles de hombres y mujeres alzaron los brazos en señal de victoria, era el momento de construir algo nuevo derribando aquellas piedras.

Entre ellos surgieron parejas, nacieron bebés, familias se reencontraron… Si tomamos un momento para contemplar las fotos de aquel instante podemos observar que fueron las voces de la gente, sus sentimientos, los que derribaron aquel muro. Hay vínculos que no se pueden separar con piedras.

Es irónico como, a veces, las nuevas historias comienzan sobre las ruinas de otras. Los antiguos cimientos parecen endebles para soportar el peso invisible de la novedad: tantas ilusiones recuperadas, la esperanza retomada… Todo lo que fuimos se une a lo que nos hemos convertido, sin desentonar, sin perder la armonía, sin suponer un peso.

Más curioso, aún, es el tiempo que pasamos apilando ladrillos para protegernos de un enemigo que no existe o que jamás va a venir a por nosotros. Colocamos miedo tras miedo en esa gruesa pared que nos sitúa frente al mundo. Escondemos lo mejor de nosotros mismos tras los metros de rocas: nuestras sonrisas más increíbles, nuestros sueños, nuestro lado más humano…

Y una noche, como ocurrió aquel otoño en Berlín, cientos de pasiones desenfrenadas derriban todo lo que nunca debió ser construido. La felicidad sustituye al miedo, las lágrimas desbordan los nudos en la garganta almacenados, el agotamiento se cambia por la euforia y los corazones dormidos parecen despertar. En definitiva, nos volvemos los humanos que nunca debimos dejar de ser y comenzamos a soñar.