- ¡Oye! ¿Puedes bajar la maldita radio?
-No te pongas borde que yo no tengo la culpa de que se haya
ido.
-¿No? ¿Tú crees? No esperarías que se quedase a ver la
televisión contigo. Tú y tus programas absurdos en los que tiene éxito el que
mejor finge cualquier sentimiento. No sé a quién puede interesarle eso. Para
colmo esa maldita música, siempre sonando a todo volumen. Así no hay quien se
concentre. Además, es una musa, puede ir y venir cuando quiera, puede visitar
casas en las que el arte es el pilar fundamental. No tiene por qué aguantar
toda tu locura.
-¿Por qué no te paras a analizarte un minuto? Te pasas las
horas sentado frente a una hoja en blanco, esperando que ella vuelva, que las
palabras que hay en tu cabeza vuelvan a tener sentido. Tienes miedo a ser
mediocre, a enfrentarte a ti mismo y lo que no sabes es que para crear un éxito
hay que fracasar mil veces antes en el intento. El arte no es un concepto, es
una sucesión de "ensayo - error" que, de vez en cuando, da un
acierto.
-Pero con ella todo era más fácil. Todo tenía sentido: el
sol salía para volver a esconderse, el río desembocaba en el mar y las flores
florecían en primavera. Nada era imposible, podía escalar una montaña si me lo
proponía o aguantar horas sin respirar bajo el agua. Ahora es de noche
demasiadas horas al día, los ríos no tienen final y mis pulmones no resisten
tanta presión. Ahora el único concepto que tengo claro es el de abandonar.
-Desistes sin haberlo intentado. El mundo siempre ha sido
aleatorio, cada día anochece a una hora, nunca las plantas florecen a gusto de
todos y si no mira a los alérgicos y, las montañas se escalan con entrenamiento
y el equipo adecuado. Piensa qué sientes, qué quieres y envíaselo a las teclas
de tu ordenador. Escríbelo todo y si es malo, tranquilo, alguien te lo hará
saber , aunque si es bueno... Si es bueno lo vamos viendo.
-Suena poco esperanzador, como si no confiases en mí. Ella
siempre tendría fe en mí.
-¿Cómo voy a confiar en ti si ni tú mismo lo haces? Además,
¿la ves a ella por algún lado? Yo tampoco. Asúmelo, era tu musa pero no se
pensó ni un segundo ser feliz o, ¿acaso crees que pensó en ti cuando se le
presentó la oportunidad? No tienes que odiarla, a mí me bastaría con que
dejases de gruñir y te pusiese manos a la obra en el trabajo. Total, si sale
mal tienes el resto de tu vida para arrepentirte o, mejor aún, cambiarlo.