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sábado, 31 de diciembre de 2011

*Balance 2011*

Otro año se acaba y entre villancicos toca hacer balance. Lo mejor, lo peor, las mil cosas vividas que se cuelan por las rendijas de la memoria en mi cabeza y me hacen sonreír. Un año cargado de primeras veces: primeras despedidas, primeros amores, primeras desilusiones... Un año en el que la palabra estrella ha sido el "adiós" y en el que el concepto de sorpresa inundaba cada día.

Han sido doce meses, ni uno más ni uno menos; 365 días con sus correspondientes mañanas y noches para ser feliz y para llorar, para conocer gente, para descubrir a otra, para ser débil, para ser fuerte, para reponerse, para aprender, para escuchar, para abrazar, para besar, para compartir, para pasear, para soñar, para despertar, para cambiar, en resumen, para vivir.

Siendo justos, no recordaré el 2011 como uno de los mejores años de mi vida, pero tampoco como uno de los peores. Ha tenido días buenos, estupendos,  días malos, horribles y días, sin más, de esos que nunca recuerdas.

Pero las cifras terminan desapareciendo y dejan lugar a los recuerdos simplemente, recuerdos desubicados, sin fechas, unos que nos hacen sonreír y otros que vuelven a construir ese nudo en la garganta.

Y entre las 8760 horas veo a esa gente que ha vivido este año conmigo. Algunos se han ido para seguir con sus vidas por otros caminos, otros permanecen junto a mí sorprendiéndome cada día y otros, como diría mi madre: "bien, gracias". Recuerdo hoy muchos de sus consejos: "no dejes que tu felicidad dependa de alguien o algo que no seas tú mismo", "se consigue mucho más con un silencio que con una larga conversación", "si puedes soñarlo puedes hacerlo", "si la vida te da 1000 motivos para llorar, demuéstrale que te vale con uno para sonreír" y "la vida se compone de pequeños detalles, cuídalos".

Pero no todo ha sido vivir, también he sido observadora. He visto como se rompían corazones, como gente a la que quiero vagaba desorientada por las horas y como algunos tomaban las riendas de sus vidas y descubrían la felicidad.

El año se termina. Probablemente el 2011 salga por la puerta de atrás de los años pero después de él vendrán muchos más, algunos mejores y otros peores, pero, como todos hay que vivirlos. Hoy, a día 31 de diciembre de 2011 os deseo a todos FELIZ AÑO NUEVO.

[Haz de tu vida un sueño y de tu sueño una realidad...]


domingo, 25 de diciembre de 2011

Para ti señorita, porque te gustó la metáfora...

¿Cómo estoy? Cuando me preguntan que cómo me siento pienso en una carrera, pero no en una de esas en las que compiten atletas profesionales que apenas sienten dolor al llegar a meta. Más bien, me recuerda a una de esas pruebas de resistencia del colegio, que todos hacíamos obligados y los que las conseguíamos acabar lo hacíamos sin fuerza.

Recuerdo como cuando el profesor anunciaba que correríamos los doce infernales minutos, la mayoría de la clase empalidecía y buscaba escusas para no asistir a esa clase. Algunos se ponían enfermos de repente y otros apelábamos a recomendaciones médicas. Yo, sacaba mi Ventolín del bolsillo con la esperanza de que el profesor lo viese y me librase de aquel dolor.

Pero nunca lo conseguí y siempre estaba preparada cuando comenzaba la prueba. Igual que en la vida, intento, de manera disimulada, evitar los grandes obstáculos, pero siempre acabo ahí en la línea de salida.
Aunque quizá, lo que más describa mi situación a día de hoy es el momento después de la carrera. Cuando todos asfixiados nos veíamos obligados a sentarnos y coger aire porque, de lo contrario, no seríamos capaces de subir las escaleras y llegar a la siguiente clase.

Así estoy yo ahora, sin aliento, cansada de la carrera que acabo de correr y necesito sentarme un segundo, a tomar aire, a ver que hay vida después de las dificultades. Es posible que no sea la prueba más dura que exista pero a mí me ha costado como si lo fuese y me resulta imposible levantarme sin descansar un instante.
Pero eso no significa rendirme, porque sé que me esperan muchos más obstáculos como este, como en el colegio sabía que habría más pruebas de resistencia que correr. Si una vez pude conseguirlo, podré hacerlo más.

Mientras tanto, miro a la pared y veo una nueva placa que, como por casualidad, me da el más sabio de los consejos que puedo recibir actualmente: "Si puedes soñarlo, puedes hacerlo".

Feliz Navidad