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domingo, 23 de enero de 2011

Un día en cama

Ya Aristóteles en su filosofía afirmaba que el ser humano es un ser social. Para él, este dato implicaba una organización política, para los más románticos una visión del hombre rodeado de gente: amigos, familias... 
Cada uno ocupamos un lugar entre nuestros padres, hermanos, abuelos y tíos. No todos nos agradan por igual, ni les entregamos nuestro cariño de igual manera, ni recibimos lo mismo de todos, pero no podemos elegirlos, vienen de serie.
En cambio existe otro grupo, normalmente reducido, al que sí elegimos pertenecer: los amigos. Ellos son la familia que sí elegimos. Ellos son capaces de estar a nuestro lado siempre, en una posición discreta. Ellos saben cuando deben decir lo que quieres oír y cuando contradecirte para que no te estanques en el camino. Ellos saben quién te rodea por interés y aunque los desprecies vuelven a estar cuando los necesitas. Un amigo de verdad jamás te insulta, te dice las cosas con el cariño con el que se dan los consejos. Esas personas no te echan cosas en cara una y otra vez, con una vez es suficiente, ni ven en tus actos malas intenciones. Un amigo respeta tus decisiones aunque sepa que no son las adecuadas permaneciendo a tu lado para levantarte si caes.
Sí, efectivamente somos un ser social y necesitamos a los demás en nuestra vida, pero podemos elegir quién queremos que nos rodee y quién es de verdad un buen amigo. De nada sirven las personas que día tras día te recuerdan tus defectos, que no reconocen tus logros, que no saben frivolizar con las cosas que carecen de importancia, que no saben apreciar lo que tienen. 
El tiempo es escaso y hemos de disfrutarlo con las personas que de verdad importan, aunque estas vayan cambiando a lo largo de nuestra vida.

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