No dejes que nadie marque tus pasos por ti, elige tu propio tren y alcanzarás tus objetivos.
sábado, 13 de octubre de 2012
Paseo de domingo
miércoles, 10 de octubre de 2012
Llego tarde
Son esos días en los que parece que no va a ocurrir absolutamente nada los que se convierten en importantes. Mañanas que apagas el despertador, que corres a coger el metro maldiciendo con todas tus fuerzas la hora, el clima, la aglomeración... Son días a los que no les pides nada y te lo dan todo.
Hoy te despiertas y miras el reloj, llegas tarde, otra vez. Te levantas y tropiezas primero con esto y luego con eso. ¿Quién dejaría esas dos cosas allí anoche? Tú. Te vistes lo más rápido que puedes, poniéndote lo primero que encuentras. No prestas atención a tu pelo, total, nadie va a verte hoy. Sales, corriendo, sin desayunar, solo pensando en no llegar demasiado tarde.
Pierdes este metro y no llegas a tiempo al transbordo. ¿Por qué apagarías el desperador? Corres por la calle y sabes que la ducha de anoche no sirvió de nada, ya estás sudada otra vez. De repente, frenas en seco y tomas un paso más lento y asequible. Has decidido que hoy te van a esperar.
Miras los escaparates, te detienes en esa cafetería en la que nunca entraste y compras esa palmera de chocolate que tanto te apetece. Lees en el periódico que llega una ola de frío y te ríes, habrá que encender la calefacción. Cambias sacarina por azúcar, hoy los kilos de más no deben suponer un problema.
Pareces feliz. Él te sonríe desde la otra mesa y tú también a él, muy tímidamente, encauzando ese mechón de pelo que se escapa, agachando la cabeza. Torrente de emociones que creías olvidadas y ni siquiera ha amanecido. Os saludáis y comenzáis a hablar como si os conociéseis de toda la vida y continuáseis una conversación ya iniciada. Todo va a ir bien.
Tan temprano que todavía no ha salido el sol y ya has aprendido otra lección. Has entendido que, a veces, es mejor no esperar nada, pierdes mucho tiempo mientras aguardas ese o aquel momento. Relojes que avisan del paso del tiempo y despertadores que nos clavan a la realidad. Pero la vida es más sencilla, simplemente hay que dejar de ver para comenzar a mirar.