Hace
un año cuando me dijeron que me iba de Erasmus todos los que habían vivido esa
experiencia (u oído hablar de ella) me contaban que iba a ser el mejor año de
mi vida. Decían que no iba a estudiar nada, que iba a salir mucho de fiesta y
que iba a conocer a mucha gente.
Hoy,
un año después, tengo mi propia versión del Erasmus. ¿Qué ha sido el Erasmus para
mí? Personas con las que he compartido experiencias, con las que he crecido y
he aprendido a valorar situaciones que antes pasaban de largo por mi vida.
Erasmus
es Patri con su tupper de ensaladas y su forma de peinarse que nos contagió a
todas. Erasmus es José, con su cabezonería, sus twits y su música. Erasmus es
Pau, que consiguió que pasáramos horas delante de Youtube aprendiéndonos las
frases de los vídeos de memoria. Erasmus es Julia, su manía de luchar por las
injusticias y sus espaguetis carbonara. Erasmus es Marta, muchas veces
desaparecida durmiendo, que luchó por limpiar el nombre de Benidorm. Erasmus es
quedar a cenar con ellas un mínimo de tres veces por semana para quejarnos de
cualquier cosa. Erasmus es Raquel, que nos presentó a dos mil millones de amigos.
Erasmus es Pablo, su colchón ambulante y su capacidad de escuchar. Erasmus es
quedar con Blanca para teñirme el pelo y tardar tres horas. Erasmus es ver
discutir a Alfonso y José Carlos, meterse con la edad del Gallego, debatir con
Álvaro algún tema del que no tenemos ni idea. Erasmus es conocer toda la lista
de cosas que Gary no come. Erasmus es que todos lleguen tarde cada día.
Pero
también Erasmus es conocerse a uno mismo. Dejar las prisas a un lado, aprender
que la tortilla lleva sal siempre, que los champiñones no se lavan, se sacuden,
que los españoles nos ganamos la fama que tenemos. Erasmus es saber que nuestro
ingles es mil veces mejor que el de otros países, que se puede dormir en un
aeropuerto, en un tren, en un autobús. Erasmus es descubrir que la ropa no se
lava sola, que la arruga es bella, que las pelusas crecen en las esquinas.
Erasmus es mirar mil veces el horario del tram antes de un examen, caminar
durante horas para llegar a casa después de una fiesta, compartir la propiedad
de un sofá cama, ver cada noche como algo especial. Erasmus es valorar las
palabras "gratis" o "barato", afiliarse a la marca blanca,
la cerveza y la sangría, reutilizar las bolsas, apurar los pantalones vaqueros,
conocerse todas las variaciones de Absolut, JB y Larios de ocho euros. Erasmus es tener diez "yayas" que te cuidan si estás mal, veinte madres que te recuerdan las cosas que tienes que hacer y mas de treinta amigos que disfrutan cada segundo contigo.
Y,
sobretodo, Erasmus es conocer el mundo que nos rodea. Discutir durante horas
sobre qué Comunidad Autónoma es mejor pero saber que todas son increíbles.
Criticar a los franceses y, a la vez, descubrir que tienen un punto de lo más
"salao". Salir cada noche y encontrarse alguien nuevo y diferente con
una historia. Viajar y hacerse fotos en mil lugares. Tener la maleta siempre
preparada, bañarte en el mar de madrugada, caminar sobre la nieve esperando a
que amanezca, caminar contra el viento de Montpellier.
Podría
seguir escribiendo y no me detendría, pues este año han sido mil historias que
jamás olvidaré. Es el momento de hacer la maleta mientras las lágrimas ruedan
por nuestras mejillas. El curso se acaba, las bienvenidas se cambian ya por las
despedidas, la gente coge trenes, aviones, coches y autobuses y vuelve a sus
casas donde sus familias y amigos los esperan. A todos nos gustaría estirar el
tiempo pero Erasmus también es eso, diez meses que puedes aprovechar como
quieras, pero que se acaban.
Ahora
que esto ha llegado a su fin me despido, agradeciendo vuestra presencia en mi
vida durante este año. Deseo que el "hasta pronto" sea real y que en
muy poco tiempo estemos juntos, que nunca dejemos de llamarnos, que siempre
recordemos lo que hemos compartido. Gracias, de verdad, a todos y cada uno de
vosotros porque para mí, vosotros sois Erasmus.