He decidido olvidar mi pasado y seguir adelante. Ya no importa lo que fui y lo que no llegué a ser. No es necesario saber qué hice bien o en qué me equivoqué, ya está hecho. A los amigos los recordaré con mucho cariño, pero debo dejar espacio a las nuevas personas con las que me iré cruzando.
Es de noche, miro el cielo lleno de estrellas. Muchas de ellas ya no existen y dentro de miles de años lo sabremos. El universo es tan inmenso que una vez más me siento insignificante, como esa estrella que allí apartada de toda constelación reluce como la más bella. Olvidada, ajena, sin un lugar en el mundo, así somos ambas. Quizá tenemos mucho que mostrar, todo que ofrecer pero no ha llegado nadie que lo descubra como un tesoro enterrado por un pirata en el que nadie cree y que permanecerá bajo una palmera sin que nadie jamás lo encuentre.
Bajo la mirada y lo que veo no me agrada, nada, oscuridad, tristeza, soledad, melancolía. A veces desearía tener alas y poder volar entre las estrellas, flotar sin estar sujeta a ninguna gravedad, sólo atenta para ver, sentir, disfrutar. ¡Qué bella sería la vida así!
He sido feliz y he conocido gente, mucha personas que han participado en mi vida de una u otra manera. He llorado con ellos y también he reído. He compartido sueños y nos hemos regalado pedacitos de una vida a medias. Pero cada momento que pasé con ellos era otra persona la que estaba allí. Nuca me sentía completa pero no era culpa suya. Ellos se esforzaban por escucharme, por consolarme, por descubrir lo que ocultaba pero nunca conseguí hacerme entender.
Había días que llegaba a casa, cansada y triste, enfadada con el mundo y deseaba que todos desapareciesen y lloraba, lloraba tanto que me escocían los ojos. Otros días sentía que les quería, que formaba parte de algo aunque fuese una parte minúscula. Pero en estos últimos la alegría no duraba mucho, se esfumaba al toparme con la realidad del día siguiente.
Miraba el móvil y nadie me llamaba, llegaba a casa y nadie me esperaba, mi bandeja de entrada estaba vacía, no significaba nada para nadie y eso me dolía. No quería aceptar que había perdido el tiempo con tantas personas. Ahora todo eso no duele, el tiempo no se pierde se emplea y con cada uso aprendes algo, descubres a una persona oculta tras una máscara. Cada vez que cedes un instante haces feliz a alguien, otro alguien se siente menos sólo y algún otro más comprendido, como a ti te paso alguna vez.
Las maletas ya están hechas y permanecen delante de la puerta, impasibles, esperando la decisión final que las sacará definitivamente de la casa para conocer un nuevo lugar, o las dejará allí donde siempre estuvieron.
En mis últimos momentos aquí me doy cuenta de que no fueron tan malos. No me sentí tan fuera de lugar o, al menos, no más que cualquiera. Si no recibí noticias de mis amigos es porque jamás me interesé por saber de ellos. Fui egoísta, hipócrita y muy egocéntrica y les pido perdón. Pero hay ya mucho daño hecho, no puedo borrar el dolor que les causé, ni lo que les hice sufrir. Lo que más lamento es haberme dado cuenta demasiado tarde, pero espero que algún día puedan perdonarme.
A mis amigos:
He decidido olvidar mi pasado y seguir adelante. En las maletas lo indispensable para empezar una nueva vida, las manos llenas de regalos y en mi cabeza mil recuerdos, ahora felices. Lo malo lo dejo atrás, en esa pequeña casa donde viví lo mejor y lo peor de mi vida, donde me construí a mi misma de enfados y experiencias. Espero que aunque me vaya, una pequeña parte de mí permanezca en los corazones de los que durante tanto tiempo fuisteis mis amigos y confidentes. También espero que, por lo menos, intentéis olvidar lo malo que os hice y recordar las veces que sí estuve allí. Gracias por todo, amigos.
Para ellos, los que siempre estuvieron y siempre estarán. Gracias.


No hay comentarios:
Publicar un comentario