-->

domingo, 17 de octubre de 2010

Te recuerdo

Es curioso como de una pequeña cosa puede surgir algo tan grande, algo que haga que tu mundo se frene y se fragmente en mil trozos, que cambie el curso normal o que pare o acelere los latidos de tu corazón. Cuando echas la vista atrás eres incapaz de señalar qué momento fue y si lo haces prácticamente no recuerdas la ropa que vestías, las palabras que pronunciaste o las personas que te rodeaban. No hubo nada que te hiciera recordarlo porque nada lo hacía especial. Durante un tiempo lo mantuviste ahí, en la misma caja de cientos de instantes sin importancia, acumulando polvo en el viejo desván de tu memoria.
Pero como ya he dicho, aún si darte cuenta va cambiando el rumbo de tu historia, ese momento se convierte en importante y te ves obligado a desenterrarlo del lugar donde estaba. Lo miras y analizas numerosas veces sin conseguir ver su excepcionalidad, sin adivinar por qué era diferente. Lo único que sabes es que es importante y que marco un antes y un después.
Pues bien, mi momento se hallaba escondido en un baúl lleno de recuerdos de convivencias y excursiones, de días fuera de casa en los que me reí y disfruté. Los momentos importantes de esos día permanecen junto al resto de recuerdos vitales pero ese, en concreto lo deseché porque era algo tan cotidiano que no podía esperar que se convirtiera en algo que me hizo tan feliz y me causó tanto daño.
Una mañana soleada cogí un autocar que me llevaría a aquel lugar, todos estábamos cansados por el madrugón, pero ilusionados por aquel fin de semana que pasaríamos lejos de casa. Mucha gente de la que veríamos allí, ya nos era conocida y mucha otra nos lo sería en muy pocas horas.
El momento exacto no lo recuerdo con exactitud, supongo que el tiempo y el polvo lo borraron. No sé que hice cuando me le presentaron y cómo nos miramos, no logro recordar quién se acercó a quién, ni nada de lo que pasó ese día entre nosotros.  De la noche sí conozco algún momento más, sé que tuve miedo en algún juego y sé que él me abrazó y, a pesar de no conocerle, me tranquilizó como después hizo muchas veces más. Con él me sentía segura de una forma agradable, como cuando era pequeña y tenía una pesadilla y mi madre me abrazaba. Era tierno y dulce pero no me terminaba de gustar.
Aquel fin de semana se acabó y con él nuestro contacto, estuvimos varias semanas sin saber el uno del otro pero de repente empezamos a hablar de nuevo. Pasábamos horas delante del ordenador riéndonos como tontos, nos dábamos toques sin sentido y , a veces, yo me sorprendía pensando en él. Pero mis sentimientos se mantenían impasibles, me gustaba un poco, pero no le quería.
Poco a poco intentamos empezar algo más profundo que dejara atrás la amistad, quedamos en persona y pasamos una buena tarde, dando vueltas por un Madrid diferente, más bonito. El calor llegó y cada día que pasaba me daba cuenta de que no podía seguir manteniendo aquello, que é no era mi chico y que no podía dejar que siguiesen creciendo ilusiones. Allí acabó todo, muy a mi pesar y quizá más al suyo, nunca lo supe.
Pero dicen que el tiempo pone a cada uno en su lugar y conmigo lo hizo con creces. Me enamoré de él, tarde pero lo hice, pero ya era demasiado tarde. Lo intenté con todas mis fuerzas, luchando por cada cosa que podía ser una puerta de acceso a su corazón, empeñando mi vida por él. Y aunque suene a tópico, la vida raras veces te da una segunda oportunidad y en mi caso no fue diferente, Pasé mucho tiempo llorando, sin poder sentir nada, hablar con él era como pasear sobre un suelo ardiente, cada vez que me decía te quiero me clavaba una estaca en el corazón y yo no podía pasar página. Recordaba los momentos tontos y felices que pasamos, cómo nos reíamos juntos, los motes que teníamos, las discusiones... Todo lo que un día no valoré y ya no podía recuperar.
Y, una vez más, el tiempo actuó limpiándolo todo. Dejó mi corazón sin sentimiento alguno hacia él, pero también se llevó mis ganas de volverme a enamorar. Lo intentaba disimular pero me seguía doliendo saber que estaba con otras y me costó mucho olvidarle.
Los mese pasaron y otra vez hablamos, bien, como al principio, sin rencores ni  nada que echarnos en cara y una vez más, la vida me recordó cuál era mi lugar. Había perdido mucho cuando decidí dejarle y lo iba a pagar durante cada día de mi vida per ya no dolía tanto, estaba resignada. Sabía que a partir de ahora me tocaría ser su amiga, me tocaría decirle te quiero como alguien más y no como yo lo sentía, tendría que estar ahí y ver como se enamoraba sin poder evitar soltar unas lágrimas y no podría evitar ver que él no me quería de la misma manera. Al fin y al cabo queda un tiempo para él, quizá otro para mí pero nunca uno para los dos juntos.
A lo mejor llega un día en el que ambos podemos volver a sentir lo mismo al igual tiempo o quizá ese día no llegue nunca. No sé dónde estaremos dentro de unos años, ni si seguiremos hablando, no puedo saber si le llegaré a olvidar y él me perdonará del todo. Lo único que tengo claro es que ahora a lo único que puedo aspirar a su amistad y no voy a renunciar a ella por nada del mundo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario