Aquel náufrago que parecía que se acercaba a tierra volvió a
desaparecer entre las olas. Se alejó con lágrimas en los ojos y no supo que
alguien, desde el puerto, ondeaba un pañuelo blanco en señal de despedida.
Alguien que, con el corazón en la mano, decía adiós a una de las personas más importantes
de su vida.
Aquella brújula que se rompió para siempre en mil pedazos,
sin posibilidad de ser reparada. La flecha, ahora tirada entre los trozos de
cristales de la esfera, consiguió encontrar el norte antes de que el aparato se
destruyese. Pero nada de eso importa, en ese momento ella prefiere olvidar lo
que ya no tiene y pensar en lo que un día la acompañó.
Y el silencio se convirtió en un ruido atronador que
destrozaba sus oídos y no le permitía escuchar aquella dulce melodía que anhelaba.
La confianza y el orgullo se convirtieron en miedo y dolor y la nieve se derritió inundándolo
todo, como las lágrimas que brotaban de su corazón. Desde la sombra, los ojos de
él, que tantas veces la consolaron y averiguaron sus temores, ahora la contemplaban con lástima, sabiendo que algo
se había roto para siempre y que no había pegamento para repararlo.
Los créditos de la película empiezan a aparecer y la gente
se levanta para abandonar la sala. Yo permanezco en mi butaca, sin comprender
del todo el argumento. Justo cuando todo el mundo se ha ido, cuando el nombre
del último miembro del equipo aparece en pantalla, las luces se apagan de
nuevo. Allí está, la escena final, la que convierte un drama en
una preciosa historia de amor, el momento que había estado esperando toda aquella película..
No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.
Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños
Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.
Mario Benedetti
No te rindas
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