Puedes ir andando por la arena de una playa y encontrar una botella con un mensaje dentro, es poco probable, pero puede ocurrir. Puede ser que un día te levantes y lluevan pétalos de rosa, puede ser que una mañana te mires al espejo y allí no estés tú. Puedes vivir tu vida esperando que ocurra algo excepcional, algo que dé sentido a tu vida, que te haga sonreír como nunca antes lo habías hecho, que te haga darte cuenta que todo merece la pena.
Hubo una época que esperaba que mi vida cambiase, nada tenía sentido, faltaban muchas cosas que no era capaz de encontrar. Quería cambiar de ambiente, de amigos, necesitaba salir de mi mundo y tomar aire, poder llenar mi pulmones para introducirme en otras aguas. Cada segundo que permanecía entre los mismos pensamientos pesimistas me oprimían el pecho y no podía respirar, sólo sabía llorar y cada lágrima que brotaba de mis ojos lo hacía entre profundos dolores.
Veía películas y envidiaba a los protagonistas que pasaban de no ser nadie, vivir camuflados entre miles de iguales, a ser gente especial que vivía historias especiales. Deseaba ser alguna de esas actrices que se enamoraban de un desconocido en un autobús de camino al trabajo y que conseguían vivir una vida feliz. Quería realizar uno de aquellos viajes por todo el mundo y descubrir gente nueva, escondida en las raíces de otra cultura.
Llegó un momento que pase a resignarme, ya no lloraba pero estaba muy lejos de ser feliz. Vivía por rutina, respiraba porque me daba pereza ahogarme y me levantaba cada mañana porque siempre lo había hecho así. No ponía ilusión en nada de lo que hacía y los días se me hacían eternos, el sol me molestaba y la noche me cansaba. Ya no buscaba motivaciones convencida de que no las encontraría jamás. Así transcurría mi vida, entre nada y menos, entre poco y nada, entre oscuridad y vacio.
Un día decidí volver andando a casa, necesitaba despejarme después de un día más largo que de costumbre. Entonces vi unas viejas vías del tren junto a mi camino, estaban valladas y no podía pasar, pero me hicieron pensar qué pasaría si el próximo tren pasar sobre mi cuerpo. Para mí nada, llevaba mucho tiempo viviendo en la nada por lo que la muerte no supondría un cambio. Para los de mi alrededor probablemente tampoco, había decidido desvincularme de todo porque no era feliz y ellos no notarían que ya no les llamaba, porque hacía meses que no lo hacía, ni se darían cuenta de que no estaría en las fiestas, porque había dejado de ir.
Me dio rabia pensar que no significaba nada para nadie y estallé en lágrimas. Lloré como nunca antes lo había hecho, me tiré al suelo y me abracé las rodillas, me dolía el pecho, llevaba conteniendo aquello demasiado tiempo. Ahí fui consciente de cuantas cosas había perdido por esperar un hecho magnífico que cambiara mi vida. Mis sueños dejaron de ser eso, sueño, para convertirse en una obsesión. Por supuesto que necesitaba amigos nuevos, pero los viejos tenían que seguir ahí, también necesitaba viajar pero los que me querían debían ser testigos de ello. Debía buscar el éxito y visitar nuevos ambientes, pero sin olvidarme de quién era, recordando mi pasado, lo que me hacía única.
Volví a casa y al entrar lo que vi no me gustó, nadie sonreía como yo recordaba, la tristeza reinaba en aquel ambiente y yo sabía que era culpa mía. Había pasado los últimos meses de mi vida destrozando cada cosa que tocaba, haciendo infeliz a cada persona que se acercaba a mí y era hora de que eso cambiara. Allí se iniciaba una nueva etapa de mi vida en la que no había sitio para la desilusión.
Puede ser que un día vayas paseando por una playa y encuentres una botella con un mensaje dentro, puede ser que la abras y ese día tu vida cambie radicalmente, es difícil, pero puede ocurrir. Pero no te puedes sentar en la arena de la playa con la vista perdida en el horizonte esperando esa botella porque quizá nunca llegue, o aparezca cuando menos lo esperas, o ya estuviese ahí y tú no la viste. De la misma manera, en tu vida no te puedes sentar viendo los días pasar, esperando el milagro que cambiará todo, alejando a los que te quieren por miedo a que te distraigan de encontrar lo que esperas
Debemos vivir como mejor podamos o sepamos cada día, soñando, pero sin olvidarnos de que el cambio le construimos nosotros con cada paso, cada acierto y cada error, y los sueños, como diría aquel, sueños son.


No hay comentarios:
Publicar un comentario