Pablo Neruda dijo una vez: "Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas". Efectivamente cuando más perdido estás, cuando piensas que todo va a salir mal, cuando ves que la gente sólo echa más leña al fuego, cuando te crees sólo... ahí te encuentras a ti mismo. Todas tus dudas parecen cobrar sentido entonces, sabes claramente qué es lo que tienes que hacer y donde.
Podría decir que la solución es continuar sin mirar atrás, pero el alma humano no es tan puro, no podemos continuar sin más, perdonando y olvidando, queremos algo más, venganza, odio... Deseamos que el dolor que nos han causado sea vengado porque sabemos que es injusto, que no lo merecíamos y que nadie puede devolvernos ese tiempo que hemos perdido.
La rabia nos inunda y tenemos ganas de llorar, de llorar y herir, hacer que la persona que nos ha destrozado reciba un poco de lo que nos regaló y así comienza la venganza. Quizá no sea el método más terapéutico y en muy pocas ocasiones termina bien, pero es el que a priori nos parece más sano. Hacer todo lo posible para que nadie pase por lo que pasamos nosotros, intentar ser el punto y final de una larga lista de daños.
Pero nos sentimos culpables, mejor dicho, nos hacen sentir culpables y, ante todo, no tenemos la culpa. Sólo somos la causa de nuestros errores y no debemos cargar con los del prójimo por mucho que nos lo hagan pensar.
Crueldad, como ya dijo una gran mujer, como cualquier otro vicio, no requiere ningún motivo para ser practicada, apenas oportunidad. Y es que el hacer daño es gratuito, echamos balones fuera, la culpa a otros y a la vez lo alimentamos con crueldad porque cuanto más hundamos al otro mejor nos sentimos, menos solos y creamos así un círculo vicioso.
Pero a pesar de todo, el ser humano está preparado para levantarse tras caer una y otra vez, se llama instinto de supervivencia, no podemos estar abajo demasiado tiempo. A pesar de todo de una u otra manera, ponemos la otra mejilla para recibir un golpe más, esperando que sea definitivo y que se acabe el dolor definitivamente. Pero no, no es así volvemos a levantarnos dispuestos a encajar otro golpe, uno más.
Pero a pesar de todo expresamos a la perfección todo nuestros sentimientos, entre mentiras, entre resentimiento, sabiendo perfectamente que no tenemos motivos para quejarnos porque la crueldad y la venganza han actuado por nosotros. Somos conscientes de que nos hemos aprovechado de los que nos rodean y sabemos que estamos solos porque lo merecemos. Pero aún así somos capaces de dar nuestro último ataque, como una serpiente y soltar todo nuestro veneno.
Un gran amigo me mostró todo esto, como era posible destrozar a una persona, hundirla hasta que no pueda casi respirar. Él dijo: "Me has jodido como poca gente lo ha hecho, sabes que estaba y estoy enamorado de una persona y que estaba a punto de empezar algo serio y te has encargado de joderlo. Confié en ti y fuiste de las poquísimas personas a las que se lo conté y lo sabías y ya has jodido todo. No te puedes hacer una idea del daño que me estás haciendo con todo esto. Gracias por todo como siempre (irónicamente claro)". Pero yo digo: "No ha llegado el día todavía que tú me hagas sentir culpable. Tú has decidido tu futuro no yo. Pero gracias porque me tú has hecho que me encontrara a mí misma".

No hay comentarios:
Publicar un comentario