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domingo, 19 de agosto de 2012

Para todos


No te olvides de esos secretos en forma de notita, ni de los abrazos que lo sanaban todo. Recuerda esas risas por teléfono y los silencios que decían más que las palabras. Las cenas cuando todo el universo se desmoronaba a nuestro alrededor y las confesiones escondidas entre aquellos árboles. No te olvides, por favor, de los años.

Acuérdate de las veces que nos cruzamos en aquel lugar sin decirnos nada y cómo, de pronto, surgieron mil conversaciones bajo una manta. Ten presentes los recuerdos, esos que yo me llevo encerrados no solo en mi cabeza, sino también entre esas páginas. Recuerda las rabietas que juntas superamos. No te olvides de la fuerza de voluntad.

Guarda en tu corazón las lágrimas, las de felicidad y las de tristeza, y continúa aprendiendo con ellas. Conserva las palabras que flotaban sobre tu cabeza de madrugada, cuando solo tenías ganas de dormir. Recuerda la confianza que pusiste en mí cuando ni siquiera yo la tenía, las cartas, los regalos por sorpresa. No te olvides de que el norte no se mueve de su sitio.

Protege en tu memoria los viajes en tren, las confesiones entre botellines, las risas al descubrir nuevos horizontes. Recuerda los paseos por Madrid, el Palacio, el arpa... Retén en tu corazón las charlas, las fiestas... Todo tenía banda sonora de reggaetón, en el coche, las tres comiéndonos el mundo. No te olvides de que hay un lugar en el que cada uno encaja perfectamente.

Recuerda que, a veces, es mejor escuchar que hablar, ser aconsejada que aconsejar, parar que continuar. Mantén a salvo esas ocasiones en las que aprendimos que un grito lo sanaba todo, que no has de llorar por quién no se merece tus lágrimas, que hay personas que esconden en su interior cosas más valiosas de las que muestran. No te olvides de que todos somos necesarios.

Acordaos de que la victoria es del que lo intenta, que tras la carrera el atleta sigue corriendo. Recordad que el tiempo no se detiene pero, que ni las agujas del reloj son capaces de borrar la memoria. Conservadlo todo bien guardado y, mientras, yo me llevaré conmigo un pedacito de cada uno de vosotros para teneros siempre en mi corazón. No os vayáis, vivid, sed felices pero esperadme a la vuelta.

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