Por un día abandono mis zapatos y me meto en los tuyos, en esos dos trozos de sandía que tanto nos han hecho reír a todos. Dos pequeños pies que pisan fuerte allá donde van, que hacen suyo el lugar en el que se paran, que anuncian su llegada antes de aparecer.
Quiero contemplar el mundo desde tu perspectiva, tan amplia y tan pequeña a la vez. Me gustaría poder diferenciar lo verdaderamente importante, como haces tú. Quisiera hacer las cosas únicamente por el placer que causan, sin pensar en el qué dirán, no ser perfecta pero parecerlo.
A veces estás ahí, como escondida, en los gritos y el barullo del resto pero sabes el momento justo en el que aparecer. Surges con el comentario adecuado, con el gesto necesario o con la pregunta oportuna. Eres capaz de reírte y bromear y, al segundo siguiente, echarme la bronca porque estoy perdiendo el norte.
Me gusta sentarme contigo simplemente a hablar, mirarte a los ojos y saber que estás diciendo exactamente lo que piensas, sin reservas. Y es que no puedes actuar si no es de corazón, la honestidad inunda cada una de tus palabras y tus gestos. La virtud que no muchos tienen de dar sin recibir, la generosidad de ofrecer.
Mientras todo el mundo da besos, abrazos y "te quieros", tú los regalas, muy de vez en cuando, a la gente a la que de verdad quieres, pero son de corazón. No te llenas la boca de palabras vacías; acompañas cada sonrisa, cada abrazo y cada mirada de una emoción.
Entre tu deporte y tu música vas viviendo, a veces de una manera independiente, otras de la forma más normal. Te rodeas de gente muy diferente que seleccionas por lo que significan, por lo que valen, por lo que son, pues has aprendido muy bien que las apariencias engañan, que no todo es lo que parece. La vida te ha enseñado a observar.
Poco a poco te vas abriendo y me vas enseñando una pequeña parte de ti, algo que me vuelve a sorprender: una canción que te llega dentro, un vídeo tuyo bailando, tu casa, tu familia, tus amigos de siempre... Cosas que son importantes para ti y decides compartir.
Necesitas a las personas y las que te conocen te necesitan a ti. Eres como el caramelo de cocacola entre los dulces de frutas, das ese toque personal que consigue alegrar el día más triste. Puedes ser borde y ácida y volverte dulce y mimosa, como te apetezca, pues eres tú la que decide.
Y justo cuando ya no espero absolutamente nada de nadie apareces, en el día más gris de la semana, en el momento en el que estaba a punto de tirar la toalla y me das uno de esos abrazos que raramente ofreces. Muchas felicidades Picatostes, espero seguir teniéndote cerca mucho tiempo más y compartir contigo más clases, conciertos, viajes de metro... Que cumplas muchos más.
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