-->

lunes, 13 de febrero de 2012

Bajo el agua

¿Has jugado alguna vez a aguantar la respiración debajo del agua? Mientras estas allí, la realidad exterior parece estar a kilómetros de distancia, los gritos se convierten en susurros y las conversaciones se pierden, distantes, entre el silencio que gana terreno. Cada pequeña idea que alberga tu cabeza se convierte en algo material y tangible, capaz de ser llevado a cabo. Sientes como la felicidad se cuela y llena cada uno de tus músculos.

Pero, cuando sales a la superficie, agotado, sientes una gran presión en la cabeza y quieres inspirar todo el aire del mundo para compensar el tiempo que no lo has tenido. Durante unos segundos crees que vas a estallar por los aires y el corazón te late mucho más rápido que de costumbre. En esos instantes te arrepientes de no haber salido antes, de haber aguantado tanto allí abajo y se te saltan las lágrimas.

Después, poco a poco, el dolor pasa, la cabeza se sitúa en su horizontal y el aire entra acompasado, de nuevo, en tus pulmones. Todo lo que hace un minuto estaba del revés, se vuelve a girar y se coloca en su lugar correspondiente. Entonces comienzas a reír por haberte atrevido a jugar a ese juego, por haberte arrepentido, por no haber aguantado un poco más.

¿Has jugado alguna vez a querer a alguien? Cuando todo va bien te parece estar conectado a esa persona, sientes que los demás están lejos, que no son necesarios. Te centras en las sensaciones que te inundan en ese momento y eres incapaz de ver más allá. Algo se hincha dentro de ti y te hace despegar los pies del suelo haciéndote perder, incluso, tu identidad.

Y, de repente, todo se acaba y abandonas ese sitio feliz bajo el agua. Te arrepientes de cada segundo en el que has sido feliz y sientes que no puede haber nada más allá. La cabeza te da vueltas y quieres desaparecer, te duele el estomago y ni siquiera llorar o gritar te consuela, no tienes fuerzas.

Un tiempo después lo que te parecía impensable sucede. Cada parte de tu cuerpo vuelve a su lugar. Lo que antes te causó dolor ahora es solo un espejismo y te alegras de haberlo vivido. Aprendes a querer a pesar del daño, a quedarte con los buenos momentos y consigues inspirar todo el aire que te faltaba para poder seguir.

Lo curioso de todo es que querer no es un juego, quieres a tus amigos, a tu familia y lo haces sin planteártelo, sin decidirlo. Mientras amas eres feliz pero cuando ese amor, cariño o ilusión falta, las cosas se tuercen y te gustaría poder gritar, retenerlo todo en tus brazos. Querrías que una decisión no fuese capaz de cambiar nada de lo que te une a esas personas, pero te equivocas.

Quizá yo acabo de salir del agua y, aún, me duele demasiado la cabeza por eso no soy capaz de darle un final a todo esto. Lo único que me viene a la cabeza es una frase: "si quieres a alguien déjalo libre si vuelve es tuyo, sino nunca lo fue".

No hay comentarios:

Publicar un comentario