Pedimos deseos a las estrellas
fugaces, a las velas de la tarta de cumpleaños, a los tréboles de cuatro hojas…
Cerramos los ojos y los apretamos muy fuerte, intentando retener la magia en
nuestro interior; pero ésta se escapa por nuestras pestañas y se derrama con
nuestras lágrimas, milímetro a milímetro, dejando un rastro que brilla durante
unos segundos hasta extinguirse por completo.
El tiempo pasa y los deseos no se
hacen realidad. La poca esperanza que nos queda la depositamos cada noche en
nuestra almohada y pensamos: "Mañana va a ser un día mejor". Lo
repetimos hasta que nuestro anhelo se mezcla con un sueño en el que,
efectivamente, cada minuto supera al anterior. Al despertar, esa magia moja
nuestro rostro e impregna nuestras sábanas pero permanece en la cama, fuera
todo es igual.
Con la estela de la estrella
pedimos que nos quieran locamente y, en cambio, nos encontrando amando sin
medida a alguien que no sabe que existimos. Soplamos pestañas y dientes de león,
saltamos las hogueras de San Juan, nos sentamos frente al Año Nuevo ocultos en prendas rojas… Deseamos, rogamos,
suplicamos y nada, el responsable de hacer realidad los deseos parece que
estaba a otra cosa.
No es cierto eso que dicen que el
más feliz es el que menos necesita. El ser humano más dichoso, sin duda, es el
que menos desea, el que se encuentra cada día a sí mismo en el espejo y se
sonríe, el que acepta la noche como parte del día, el que adora los minutos de
sesenta segundos, el que aprecia lo que tiene por encima de lo que podría
poseer. Un hombre feliz es aquel que no desea nada que no pueda conseguir por
sí mismo.
Mientras, el resto de mortales
seguimos acumulando deseos en las velas de la tarta. Los albergamos unos
segundos en nuestros pulmones, nos llenamos de ellos y luego los expulsamos, de
manera que el fuego se extingue con ellos. Quizá ese es el problema, que los
echamos de nosotros mismos demasiado pronto, intentando cargarle a otro la
tarea de hacerlos realidad.
Escribo el último mensaje del
día: "que todos tus deseos se cumplan", lo espero de veras. Y sin
más, hoy me voy a la cama, puede ser que mis deseos de hoy no se realizasen pero
me acuesto susurrándole a mi almohada eso de "Mañana va a ser un día
mejor".
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