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sábado, 13 de octubre de 2012

Paseo de domingo


Un beso en la frente al despertar, un zumo de naranja por la mañana, un rayito de sol que se cuela a través de las cortinas. Día de domingo, como los antiguos, paseo tranquilo, contar historias, reír de todo. Sentarse un minuto y tomar aire, sin esperar, sin que nadie espere. Subir una cuesta, quedarse sin oxígeno y reírse por lo complicado que resulta hablar.

Dejar la gran avenida, callejear, encontrar sin buscar. Un edificio señorial, una fuente escondida, un jardín de hadas… ¡Cuántas fotos que tomar! Capturarlo todo en la cabeza y continuar. Tropezar y casi caer, podía haber sido un gran golpe, pero, en esta ocasión el centro de gravedad no ha fallado.

Los pájarillos pían entre las ramas de los árboles, poniendo banda sonora al paseo, escondidos. La brisa que refresca la cara, escalofrío y sol de nuevo, reconfortante calor. Huele a lilas, a lavanda, primavera, cabellos que aún se agitan, chaqueta anudada en la cintura. Pequeña carrera por alcanzar algo y verlo volar.

Sonrisa anclada en un rostro, pompas de un regalo de cumpleaños que se elevan flotando a un sitio muy muy lejano. Soñar despierto y caminar, niños jugando, madres paseando y, no muy lejos, un río que fluye lento y ajeno a todo. Aire puro que limpia los pulmones solo con rozarlos.

Regresar, pero por otro camino para ver más casas, jardines y gente diferente. Es la hora de comer casi, huele a tortilla, paella, cebolla pochada y cocido. Decenas de abuelas preparan la comida del domingo a sus nietos. Flanes y natillas esperan en las neveras para ser probados por familias enteras. Sonreír una vez más, gran mañana de domingo.

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