Todas las historias sean del tipo que sean siempre acaban igual, con el odiado punto. A veces este signo marca un final rotundo, en el que no hay posibilidades de incidir; en otras ocasiones simplemente es la conclusión de una parte y va seguido por una gran mayúscula que desata más experiencias, sonrisas, llantos o vida; y por último, puede ser que no esté solo, sino acompañado por otros dos puntos que denotan esperanza, una posible continuación que no termina de estar clara.
Estos días he visto muchos puntos en mi vida. Me gustaría poder decir que prácticamente ninguno es del primer tipo, que en todos hay algo de esperanza, pero estaría mintiendo. La mayoría de las historias empiezan entre ilusiones, con sonrisas y promesas, con la esperanza de un futuro... Pero también esas historias terminan con decepción, entre lágrimas y sin nada más allá, con un punto y final.
De lo mejor que has escrito. Breve, pero digno de cualquier columnilla pseudo-intensa de algún periódico importante. Y bastante original.
ResponderEliminar