Brindo por lo que fue, por lo que
se entregó, sin dudas ni reservas, por lo que se arriesgó por un sueño. Muchas
lágrimas se derramaron por rabia o dolor, pero, a pesar de todo, el camino
continuó, dejando muchas cosas atrás, a veces demasiadas. Aún así, no había
tiempo para permanecer tumbados y encogidos, así que nos levantamos e hicimos
lo que mejor sabíamos, seguir adelante.
Brindo por todo lo bueno que
permanece, por las promesas que se cumplieron, por las risas que se
contagiaron, por compartirlo todo con las personas que mejor nos cuidan. Muchos
recuerdos con los que siempre estuvieron se añaden a la lista de experiencias
que nos han enseñado, un año más, a mirar a los ojos de los que nos rodean para
darles nuestro calor.
Brindo por lo que cambió, por los
descubrimientos, por los nuevos recuerdos que creamos y los que jamás
olvidaremos. Brindo por los sueños que se cumplieron al despertar, por las
manos que se estiraron para sostenernos y los brazos que nos rodearon con
cariño. Brindo por las veces que, dejando atrás el orgullo, fuimos capaces de
pedir perdón y dar las gracias.
Brindo por las preguntas que se
encontraron con sus correspondientes respuestas, por los que aceptaron los
malos momentos y le plantaron cara a la vida. No todos los momentos del 2012
fueron dulces, algunos nos llegaron con demasiada sal y otros sabían
ligeramente agrios; pero los enfrentamos todos y triunfamos.
Brindo por todos los deseos que
viajan en las estrellas fugaces, por todas las peticiones que vuelan en las
pestañas y por todas las supersticiones que anuncian la buena suerte. Para que
el 2013 venga cargado de más momentos inolvidables, de más retos que nos
permitan superarnos, de más obstáculos que saltar y, sobretodo, de más gente
maravillosa con quien compartir estos 365 días.
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