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jueves, 13 de septiembre de 2012

Now, I'm here


Ocurre, en ocasiones, que te embarcas en un viaje. Preparas la maleta poniendo mucha atención de no olvidar nada. La llenas de ropa, zapatos, libros y recuerdos y, a veces, no eres capaz de cerrarla. Revisas la lista de cosas que tienes que llevar contigo una y mil veces y, tras comprobar que todo está dispuesto, echas el cerrojo.

Pasas horas de tren en tren, cogiendo autobuses, aviones y coches y justo cuando llegas a tu destino te das cuenta. Has pasado horas preparando tu equipaje, controlando cada objeto que introducías en él, escribiendo millones de listas y, después de todo, no ha servido de nada, lo has olvidado.

Llevas tu mejor vestido, las últimas botas que compraste, el DVD de tu película favorita, una foto en blanco y negro con esa persona que tanto significó para ti. Has llenado tres maletas pero, ¿de qué te sirve todo eso si, al fin y al cabo, no has cogido lo más importante?

No recordaste meterte a ti mismo, te olvidaste de guardar tu sonrisa más sincera, tu mejor mirada, tu caricia más reconfortante. No cogiste esa frase que hacía que todos se rieran, ni ese gesto que a él le ponía tan nervioso. Dejaste atrás tu color de pelo, tus pasiones y tus aficiones pensando que no había hueco para ellas entre los zapatos de tacón y el maquillaje.

Hay veces en las que te embarcas en un viaje sin entender muy bien el por qué, lo único que sabes es que tienes que irte. Avanzas con miedo de que no haya nadie para recibirte en ese nuevo lugar. Cambias, escondes tu cara tras tus manos y, de repente, al llegar, descubres que te han estado esperando.

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